No sé usted, pero yo no me siento más segura.
Lo digo después de escuchar al secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, destacar la disminución de los índices delictivos durante la reciente visita de la presidenta Claudia Sheinbaum a Quintana Roo. Ojalá esas cifras sean el reflejo de una realidad que pronto podamos vivir todos.
Pero basta con recordar lo ocurrido en los últimos días.
El martes, una balacera en la avenida Huayacán involucró a policías ministeriales y personal de la propia Fiscalía. Anoche, otra balacera en una discoteca de Tulum. Y entre un hecho y otro siguen los asaltos, los robos y las denuncias ciudadanas que circulan todos los días.
No escribo esto para desacreditar el trabajo de las autoridades. Lo escribo porque vivo en Cancún, porque todos los días salgo a la calle, hago periodismo, escucho a la gente y veo una realidad distinta a la que muestran las cifras.
Llevo muchos años viviendo en esta ciudad. Vi un Cancún donde las noticias eran la llegada de más turistas, la apertura de nuevos hoteles o el crecimiento de la ciudad. Hoy, con demasiada frecuencia, abrimos los noticieros hablando de balaceras, ejecuciones o asaltos.
Eso no puede convertirse en normal.
Lo que más me preocupa es que la violencia empiece a dejar de sorprendernos. Que escuchemos de un enfrentamiento, cambiemos de conversación y sigamos con nuestro día como si nada hubiera pasado. Cuando eso ocurre, perdemos mucho más que la tranquilidad.
Las estadísticas son importantes y ojalá sigan mejorando. Nadie quiere que a Quintana Roo le vaya mal. Al contrario, todos queremos recuperar esa paz que durante años distinguió a nuestro estado.
Porque la seguridad no se mide solamente con números. También se mide por la confianza con la que una familia sale a cenar, por la tranquilidad de caminar por una avenida o por la certeza de que nuestros hijos regresarán bien a casa.
Las cifras pueden decir que vamos mejor. Ojalá muy pronto también podamos sentirlo.
X:@IrmaRibbon