El 13 de marzo de 2003 se publicó en el Diario Oficial de la Federación la ley general de los derechos lingüísticos, hace más de 20 años y aún no se ve reflejado en la realidad, aún no hay traductores intérpretes de la lengua maya para la atención de nuestra gente en el sistema de salud, justicia, educación o en trámites gubernamentales.
En la columna de opinión anterior, reflexionamos sobre los pilares que conforman nuestro patrimonio que debemos de fortalecer, como nuestra lengua, nuestro conocimiento, nuestra gastronomía, nuestro territorio, nuestra milpa y todo lo que es nuestra identidad.
Ese es el papel que cada uno de los que nacimos en estas tierras, cada uno de los que somos herederos de este patrimonio vivo, debemos de conservar, debemos de fortalecer y debemos de conocer muy bien para poder defenderlo a cabalidad.
No conocer nuestro patrimonio es sinónimo de olvido, de empezar a sentir vergüenza por nuestra propia lengua, vestimenta, gastronomía, nuestra propia forma de ver el mundo, no conocer nuestro patrimonio, significa empezar a conocer otras formas de vida e intentar ser parte de otra cultura que no es la nuestra, y cuando ya no tenemos estos pilares en nuestra vida es cuando decimos que hemos sido despojados de nuestro patrimonio.
Por ello deben de abrirse espacios para que todas aquellas personas que conocemos y que valoramos, que trabajamos, que desde nuestro espacio, quienes realizamos actividades que promueven lo nuestro, debemos seguir tejiendo redes que permita consolidarnos, para que nada, ni nadie pueda debilitar nuestro patrimonio.
El deber de las autoridades en turno es respetar y promover que se materialice la práctica de todas las leyes que mandatan el respeto a nuestro patrimonio, desde lo más sencillo, el que cada una de las instituciones gubernamentales cuenten con un traductor intérprete de la lengua maya, para la atención de nuestros paisanos y paisanas.
Ni en nuestro estado de Quintana Roo, ni en nuestro municipio de Felipe Carrillo Puerto, mayoritariamente maya hablante, contamos con una oficina del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas INALI, es necesario y urgente para coadyuvar en los procesos que no se han concretado.
Chen waye’ tak tu la’ k’iin

