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agosto 06, 2026

Voces

Lo que se escucha de la administración pública hoy

“¿Qué es esto que oigo acerca de ti? Da cuenta de tu mayordomía…” (Lucas 16:2).

Vivimos en una época en la que los números hablan. Los informes de gobierno, las estadísticas, las auditorías, los indicadores económicos y las redes sociales construyen narrativas sobre el desempeño de quienes administran los recursos públicos. Sin embargo, detrás de cada cifra permanece una pregunta tan antigua como vigente: ¿Qué es esto que oigo?

Esa fue la pregunta que un hombre rico dirigió a su administrador en la parábola narrada por Jesús. No fue una condena inmediata, sino el inicio de una evaluación y el llamado a presentar un informe detallado sobre la administración de los bienes confiados. Antes del juicio hubo una rendición de cuentas. Antes de la destitución hubo una revisión.

La escena resulta sorprendentemente actual. Toda sociedad democrática necesita servidores públicos capaces de administrar con honestidad, eficiencia y visión de futuro. Pero también requiere ciudadanos que no se conformen con discursos triunfalistas, críticas sin fundamento ni narrativas políticas repetitivas y cargadas de confrontación. Una democracia madura exige evidencia, transparencia y responsabilidad.

En Quintana Roo y en todo México, la confianza pública no se fortalece únicamente con grandes anuncios o cifras llamativas. Se construye cuando cada peso invertido puede explicarse, cuando cada obra responde a una necesidad social y cuando cada decisión está abierta al escrutinio ciudadano.

Jesús introduce otro elemento inesperado en la parábola: reconoce la sagacidad del administrador, no su deshonestidad. Destaca su capacidad para comprender que el tiempo se agotaba y que era necesario actuar con previsión. El mensaje es claro: la inteligencia estratégica debe estar al servicio de la integridad, nunca del engaño, la manipulación partidista o los intereses personales.

Hoy se necesitan líderes capaces de anticipar problemas, prevenir crisis y administrar con prudencia los recursos que pertenecen a toda la sociedad. La verdadera grandeza de un gobernante, funcionario o servidor público no consiste en acumular poder ni en construir una imagen política favorable, sino en ejercer una administración responsable de los bienes públicos.

La pregunta de Lucas 16 también alcanza nuestra vida cotidiana. ¿Qué dicen nuestras decisiones? ¿Qué reflejan nuestros resultados? ¿Qué se escucha de la manera en que administramos nuestro tiempo, nuestra familia, nuestro trabajo, nuestra influencia, nuestra salud y nuestros recursos económicos?

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Al final, todos somos administradores de algo. Y tarde o temprano, la historia, la sociedad, la ley y nuestra propia conciencia nos pedirán cuentas.

Quizá por eso la pregunta de Jesús continúa resonando con fuerza en cada generación:

“¿Qué es esto que oigo acerca de ti, de lo que haces y decides cada día?”

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