Hay algo que siempre me ha llamado la atención de la política: la velocidad con la que algunos funcionarios empiezan a mirar hacia el siguiente cargo cuando todavía tienen asuntos pendientes en el escritorio.
Y el caso de Felipe Carrillo Puerto vuelve a poner el tema sobre la mesa.
Mary Hernández difundió un video para anunciar su interés en buscar la coordinación del Distrito 02 Federal de Morena. Está en su derecho de aspirar. El problema es otro: ¿en qué momento se gobierna cuando ya se está pensando en el siguiente puesto?
Lo digo porque en Felipe Carrillo Puerto hay una realidad que no cabe en un video de redes sociales. La zona Maya sigue esperando respuestas en seguridad, desarrollo, apoyo al campo y respaldo a quienes viven de sus manos, como las bordadoras de Xpichil o los campesinos de Tihosuco y Tepich.
Y está también aquella promesa del parque ecológico, que ciudadanos aseguran fue anunciada para los primeros 100 días de gobierno. Hoy fueron ellos mismos quienes, durante una caminata política, se lo recordaron.
La escena dice mucho: una aspiración hacia adelante y ciudadanos preguntando por una promesa que quedó atrás.
Y entonces me surge una pregunta que no es solamente para Mary Hernández, sino para todos los políticos que brincan de un cargo a otro: ¿no debería primero terminarse de gobernar antes de empezar a hacer campaña para lo que sigue?
Porque administrar un municipio no es un trampolín. Es una responsabilidad.
También está sobre la mesa otro señalamiento: la supuesta falta de una declaración patrimonial correspondiente a 2022. Si efectivamente no fue presentada, habría que explicar por qué. La ley establece que la declaración de modificación patrimonial debe presentarse durante mayo de cada año.
No se trata de perseguir a nadie. Se trata de algo mucho más sencillo: cumplir, rendir cuentas y responder.
Felipe Carrillo Puerto no necesita políticos pensando únicamente en el siguiente cargo. Necesita que alguien mire a los ojos de su gente y responda por el cargo que hoy tiene.
Porque los ciudadanos también tienen memoria.
Y a veces, en política, la pregunta más incómoda es la más sencilla:
¿Y lo que prometiste?

