Escribo estas líneas desde Belice, a unos cuantos kilómetros de Quintana Roo, y quizá precisamente por estar aquí resulta más evidente una paradoja: durante décadas hemos buscado oportunidades de negocio a miles de kilómetros mientras conocemos muy poco al vecino que tenemos cruzando nuestra frontera.
Los números lo confirman. En 2026 México registra alrededor de 116 millones de dólares en exportaciones hacia Belice y apenas 3.17 millones en importaciones. Tan sólo en junio vendimos 18.1 millones de dólares. Pero el dato verdaderamente interesante está del otro lado: durante 2025 Belice importó mercancías por aproximadamente 2,911 millones de dólares beliceños. México ya está entre sus cinco principales proveedores.
Entonces la pregunta es inevitable: ¿cuánto de ese negocio estamos aprovechando desde Quintana Roo?
Porque para nosotros Belice no debería ser únicamente frontera, turismo o el lugar al que cruzamos para pasar un fin de semana. Es mercado, plataforma logística y, sobre todo, puerta de entrada al Caribe.
Belice compra alimentos procesados, materiales, maquinaria, combustibles y múltiples bienes que nuestras empresas pueden producir, distribuir o comercializar. Pero además demanda algo que Quintana Roo conoce extraordinariamente bien: servicios relacionados con turismo, hotelería, construcción, capacitación, tecnología, proveeduría y desarrollo inmobiliario.
Hay otra lección. Belice tiene una población y una economía considerablemente menores que las mexicanas, pero posee algo estratégico: pertenece al CARICOM. Desde aquí la conversación deja de ser solamente con Belice y comienza a mirar hacia Jamaica, Trinidad y Tobago, Barbados y otras economías caribeñas.
Ahí debería estar nuestra visión.
Chetumal puede convertirse en mucho más que la capital política del estado. Su ubicación le permite funcionar como centro de distribución, servicios y comercio exterior entre México, Belice, Centroamérica y el Caribe. Para lograrlo necesitamos infraestructura, facilitación aduanera, financiamiento, promoción comercial y, principalmente, empresarios dispuestos a cruzar la frontera.
Durante años Quintana Roo construyó su prosperidad mirando hacia el norte: Estados Unidos, Canadá y Europa alimentaron nuestro extraordinario crecimiento turístico.
El siguiente capítulo puede obligarnos también a mirar hacia el sur.
Porque las fronteras pueden entenderse de dos maneras: como el lugar donde termina un país o como el punto donde comienza otro mercado.
Belice está exactamente en el mismo lugar desde siempre.
Quizá quienes no habíamos volteado éramos nosotros.