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Sustentabilidad

Una adicción venenosa

POR: GONZALO MEREDIZ ALONSO

La unidad habitacional en la que resido se distingue de otras porque su parque conserva aún a los árboles de la selva original.

Ello atrae a numerosas aves y murciélagos que diariamente se alimentan de los insectos, algunos realmente bellos, que habitan ahí de manera natural pero también de los que son dañinos.

A pesar de las construcciones artificiales, se mantenía un equilibrio agradable y natural.

Hace unos días, los administradores del conjunto decidieron “acabar con la fauna nociva”. Con grandes motores y mangueras, cubrieron por completo a la vegetación del parque con una neblina amarillenta.

Muchos insectos murieron.

Otros escaparon. A mi ventana llegaron escarabajos y mariposas tambaleantes. Con la nube amarillenta llegó también el silencio. En los días posteriores no hubo aves y escasearon los murciélagos.

Curiosamente, los encuentros con cucarachas en los edificios aumentaron.

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Tengo una hipótesis. La falta de insectos ahuyentó a las aves y murciélagos.

Al no haber depredadores, las cucarachas se hicieron más abundantes y los mosquitos, más comunes.

La fumigación alteró un equilibrio natural y ocasionó que, al menos de manera temporal, se exacerbara el problema que se quería combatir.

Afortunadamente el efecto parece haber sido temporal y las cosas han vuelto a la normalidad.

El caso, que seguramente se multiplica por miles en todo el planeta cada día, nos mueve a la reflexión. Tenemos una grave adicción a los venenos.

La sociedad moderna los usa para matar a unas cuantas hormigas en la cocina, para “prevenir” que entren las moscas, para dejar los parques y jardines estériles o para combatir plagas en los cultivos.

En Quintana Roo es práctica común el tratar de combatir al dengue, transmitido por mosquitos, por medio de fumigaciones indiscriminadas en la calle, sin tener claridad sobre su efectividad real en contra de esos insectos ni los efectos que en el corto y largo plazo generan en la salud humana.

Ello incluye a los impactos por la interrupción del sueño de miles de personas ocasionado por el ruido del motor de la fumigadora que pasa a las 4 de la mañana.

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Los venenos llegan eventualmente a los acuíferos que nos abastecen, y se acumulan en los tejidos de los animales y plantas de que nos alimentamos.

Incluso, algunos insectos – plaga generan resistencia a los venenos creados para erradicarlos. Es cierto que los insecticidas y herbicidas pueden ser de utilidad.

El problema es el uso abusivo que se hace de ellos. A veces, los mismos animales e insectos nativos son medios más útiles para controlar a los que nos ocasionan problemas.

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