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agosto 04, 2026

Voces

Serendipia: Carreteras del olvido

Hay carreteras que no sólo conectan destinos. También reflejan el interés —o el abandono— de quienes gobiernan.

Esta semana volví a escuchar las mismas quejas de siempre. No son nuevas, pero siguen siendo igual de preocupantes. El tramo de Cafetal a Mahahual parece una prueba de resistencia para cualquier conductor. Chumpón-Tihosuco sigue esperando mejores condiciones. Tulum-Boca Paila continúa siendo un riesgo constante. Cafetal-Bacalar, Kantunilkín-Chiquilá… la lista es larga y el problema es el mismo: carreteras deterioradas, sin señalética suficiente, con las líneas de acotamiento prácticamente borradas y un mantenimiento que simplemente no llega.

Quien recorre estas vías sabe que no estoy exagerando. Basta manejarlas una sola vez para entender por qué la preocupación crece entre quienes viven en la zona.

El domingo pasado, habitantes de Nuevo Xcan, Ignacio Zaragoza y El Ideal bloquearon el kilómetro 80 de la llamada Carretera del Golfo para exigir a las autoridades federales y estatales la ampliación de esa vía. No fue la primera vez que levantan la voz. Llevan años pidiendo una carretera más segura y con mejores condiciones. Cuando nadie responde, la desesperación termina ocupando el lugar del diálogo.

En unas semanas, la gobernadora Mara Lezama presentará su Cuarto Informe de Gobierno. Ojalá, antes de subir al estrado, alguien le muestre el estado en el que se encuentran estas carreteras. Y no puedo evitar preguntarme si, al trasladarse con frecuencia en helicóptero para cumplir su agenda, realmente alcanza a dimensionar lo que significa recorrer por tierra estos caminos todos los días.

Mientras se habla de inversiones, desarrollo y bienestar, la Zona Maya y buena parte del sur de Quintana Roo siguen esperando algo tan básico como carreteras seguras y dignas. A veces, gobernar también significa mirar hacia donde casi nadie voltea.

Y no, esto no lo escribo para golpear al gobierno. Lo dicen los habitantes que tuvieron que bloquear una carretera porque ya no encontraron otra forma de ser escuchados. Lo dicen quienes todos los días salen de su comunidad para llegar a su trabajo, a la escuela o a una cita médica. Lo dicen quienes conocen cada bache, cada tramo sin señalización y cada riesgo del camino.

Porque las carreteras también hablan. Y las del sur de Quintana Roo llevan demasiado tiempo gritando que alguien las voltee a ver.

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