Jazmín Ramos / Grupo Cantón
Los largos tiempos de traslado pueden convertirse en un factor de estrés crónico que afecta la salud mental, física y la convivencia familiar, advierte especialista.
Cancún.- Pasar hasta cuatro horas al día atrapado en el tráfico no representa únicamente un problema de movilidad; también puede convertirse en una crisis silenciosa de salud pública que afecta el bienestar emocional, físico y la convivencia familiar.
En entrevista para Quintana Roo Hoy, la psicóloga Juliana Hernández Ramírez explicó los efectos que generan los traslados prolongados y compartió algunas herramientas para enfrentar el desgaste emocional provocado por esta problemática.
Desde la perspectiva clínica, señaló que permanecer varias horas al día en el tráfico o transporte público puede convertirse en un estresor crónico, capaz de incrementar la irritabilidad, la ansiedad, la sensación de falta de control y la fatiga mental.
“Muchas personas experimentan dificultades para concentrarse, menor motivación y una percepción constante de vivir con prisa”, explicó.
Añadió que, en el aspecto físico, el sedentarismo, las malas posturas y la exposición constante al ruido pueden favorecer la tensión muscular, dolores de cuello y espalda, alteraciones del sueño e incluso aumentar riesgos relacionados con el estrés prolongado.
Ante esta situación, recomendó incorporar herramientas como la atención plena o mindfulness durante los trayectos, convirtiendo parte del traslado en un espacio de recuperación mediante ejercicios de respiración consciente, escucha de contenidos positivos o momentos de pausa emocional.
Asimismo, explicó que desde enfoques complementarios de reflexión personal, como la biodescodificación, el tráfico puede representar una sensación de estancamiento o desconexión con las prioridades personales, aunque destacó que lo importante es reconocer la situación y buscar alternativas concretas que permitan recuperar calidad de vida.
El cansancio que deja de ser normal
Hernández Ramírez señaló que uno de los principales riesgos es normalizar el cansancio acumulado hasta llegar a niveles más graves.
Explicó que el punto de alerta aparece cuando el agotamiento deja de mejorar con el descanso y comienzan a presentarse síntomas como pérdida de interés por actividades habituales, irritabilidad constante, insomnio, dificultad para concentrarse o la sensación de estar únicamente sobreviviendo.
“El burnout no surge de un día para otro; suele construirse lentamente cuando las demandas superan los recursos físicos y emocionales disponibles”, indicó.
Entre las alternativas para reducir esta carga mencionó ajustar horarios, compartir trayectos, negociar esquemas laborales híbridos cuando sea posible y reorganizar actividades familiares.
El impacto del tráfico en la convivencia familiar
La especialista destacó que los largos tiempos de traslado también afectan la dinámica familiar, debido a que reducen los espacios de convivencia significativa.
Explicó que los hijos pueden percibir la ausencia de sus padres como falta de disponibilidad emocional, aunque comprendan que los adultos trabajan para brindarles bienestar.
“La calidad del vínculo no depende exclusivamente de la cantidad de horas compartidas, sino de la presencia emocional durante esos momentos”, afirmó.
Por ello recomendó aprovechar los espacios disponibles con actividades sin pantallas, conversaciones auténticas, lectura, juegos o simplemente escuchar activamente a los integrantes de la familia.
También señaló la importancia de reflexionar sobre los patrones familiares donde el trabajo ocupa siempre el primer lugar y preguntarse qué legado emocional se desea construir para las nuevas generaciones.
Crear una transición antes de llegar a casa
Otro de los efectos del estrés vial es que muchas personas llegan al hogar con el sistema nervioso aún en estado de alerta, lo que puede generar menor tolerancia, reacciones impulsivas o poca energía para convivir.
Ante ello, recomendó establecer un pequeño ritual de transición antes de entrar a casa, como realizar respiraciones profundas, caminar algunos minutos o permanecer en silencio para marcar el cierre de la jornada laboral.
“¿Cómo quiero que mi familia me recuerde cuando cruzo la puerta de casa?”, es una pregunta que puede ayudar a cambiar la forma en que se vive ese momento cotidiano, explicó.
Cambiar vivienda por tiempo de vida
La psicóloga también abordó el fenómeno de familias que deciden abandonar viviendas en la periferia para rentar cerca del trabajo con el objetivo de reducir los traslados.
Explicó que esta decisión puede generar un proceso de duelo, debido a que implica dejar atrás un patrimonio, rutinas, vecinos y una idea de seguridad construida durante años.
Sin embargo, señaló que recuperar tiempo para el descanso, la convivencia familiar y el autocuidado también representa una inversión en bienestar.
“Elegir calidad de vida también puede ser una forma de construir patrimonio emocional”, afirmó.
Finalmente, advirtió que acercarse al trabajo no siempre elimina todos los factores de estrés, ya que puede traer nuevos retos como mayores costos de vivienda, menor espacio personal, ruido o presión financiera.
Por ello, destacó que el bienestar depende del equilibrio entre tiempo, salud, relaciones personales y estabilidad económica.
Hernández Ramírez concluyó que el verdadero peligro del tráfico diario está en normalizar un estado permanente de supervivencia que termina afectando la salud emocional y los vínculos familiares.