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agosto 22, 2026

Mujeres mayas de Xhazil Sur recuperan el arte de urdir hamacas

Felipe Carrillo Puerto

Mujeres de Xhazil Sur recuperan el arte en hamacas

Manuel Chan Uicab / Grupo Cantón 

Mujeres mayas de Xhazil Sur recuperan técnicas tradicionales de urdido de hamacas y buscan fortalecer la economía comunitaria mediante la venta de sus artesanías.

Felipe Carrillo Puerto.— Mujeres mayas de la comunidad de Xhazil Sur recuperan técnicas tradicionales para el urdido de hamacas, un conocimiento heredado de sus antepasadas que ahora buscan convertir en una fuente de ingresos y una herramienta para fortalecer la economía familiar y comunitaria.

La iniciativa también representa un esfuerzo por preservar la identidad cultural y transmitir estos conocimientos a nuevas generaciones.

Aunque las artesanas todavía no cuentan con compradores permanentes, mantienen su producción mediante pedidos y las ventas que realizan cuando visitantes llegan a la comunidad.

Mujeres mantienen vivo un conocimiento ancestral

El conocimiento para elaborar hamacas había permanecido durante años dentro de los hogares de las familias mayas de Xhazil Sur y otras comunidades del municipio.

Sin embargo, surgió la necesidad de compartir estas técnicas con otras generaciones.

Por iniciativa de las propias mujeres de la localidad nació el colectivo Múuch’ wak’ k’áan, dedicado a recuperar y fortalecer esta actividad tradicional.

El grupo comenzó con 20 integrantes. Actualmente, 48 mujeres participan de manera directa en las actividades que se desarrollan en el Centro Comunitario de Xhazil Sur.

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Para recuperar este conocimiento, las mujeres buscaron alianzas con personas que dominan el arte del urdido.

Entre ellas se encuentra Ramona Puc, maestra en esta actividad tradicional, quien compartió sus técnicas con las integrantes del colectivo.

El proceso de capacitación permitió que las participantes perfeccionaran diferentes formas de elaboración y que más mujeres se incorporaran al proyecto.

De acuerdo con Brenda Tun Poot, representante de la agrupación, actualmente las artesanas elaboran sus propias hamacas y las comercializan principalmente en el mercado local.

En algunos casos, los visitantes que llegan a la comunidad realizan pedidos directamente a las mujeres.

Sin embargo, uno de los principales retos continúa siendo encontrar un mercado permanente para su producción.

El proyecto creció con capacitación y apoyos

El proyecto tomó mayor fuerza después de que las mujeres recibieron capacitación para conocer nuevas técnicas de elaboración.

Con el crecimiento del grupo, el Gobierno municipal asignó una maestra especializada en el urdido de hamacas para continuar con la formación de las participantes.

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Posteriormente, las integrantes buscaron apoyo ante el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI).

De acuerdo con la subdelegada, mediante este organismo recibieron bastidores y materiales para continuar con sus actividades.

Aunque ese proyecto concluyó, las mujeres decidieron mantenerse organizadas y continuar trabajando por iniciativa propia.

El espacio donde actualmente trabajan también tiene una historia particular. Se trata de un antiguo comedor comunitario que permanecía abandonado y que posteriormente fue recuperado para desarrollar diferentes actividades.

En ese inmueble funcionó una pequeña escuela de saberes dedicada a enseñar agroecología a niñas y niños de la comunidad.

Con el paso del tiempo, el espacio se transformó en un centro comunitario que actualmente también sirve como punto de encuentro para las mujeres que participan en el colectivo.

Hamacas para preservar identidad y generar ingresos

A tres años de haber comenzado, el grupo continúa trabajando de manera independiente. Algunas integrantes ya dominan diferentes técnicas de urdido y participan activamente en la elaboración de las piezas.

Para las mujeres de Xhazil Sur, el trabajo representa mucho más que la fabricación de un mueble tradicional utilizado para dormir o descansar.

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También es una forma de preservar conocimientos mayas, fortalecer la organización colectiva y generar oportunidades económicas sin tener que salir de su comunidad.

El principal desafío ahora es ampliar sus canales de comercialización y encontrar compradores constantes que permitan convertir la producción de hamacas en una fuente de ingresos más estable para las familias participantes.

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