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18 abril, 2024

Especial

Celulares mataron los cibercafés; en Quintana Roo sobreviven 452

(Primera de dos partes)

CANCÚN.- De ciber y café, los negocios de servicios informáticos y venta de bebidas parecen condenados a desaparecer, pese a que no son tan antiguos como a veces se cree: el primero nació en Londres en 1994, el Cyberia, quizá el responsable del nombre de los que llegarían después: cibercafés.

En Quintana Roo, por medio de Google, aún se pueden encontrar 452 cibercafés ─la mayoría están en los municipios de Benito Juárez (Cancún, 175), Solidaridad (Playa del Carmen, 150) y Tulum tiene 75: el resto se reparte en toda la entidad─; sin embargo, es un negocio que está en extinción.

Los sitios se convirtieron en el espacio donde se accedía a internet, se consultaba el correo electrónico, se investigaba y se hacía la tarea por una cuota de entre 10 y 12 pesos la hora; en poco tiempo se convirtieron en un negocio rentable para el microempresario, en la época de los changarros del ex presidente Vicente Fox Quesada.

El lugar, además de ese servicio, ofrece bebidas, comida, dulces, etcétera; además, cumplió la función de introducir a la población joven en el uso de las nuevas tecnologías, como la mensajería instantánea en la época del MSN Messenger, Yahoo Messenger o el sistema IRC (el chat que permite intercambiar mensajes de texto en tiempo real).

También se asistía por el correo electrónico y para visitar distintas webs, hacer videoconferencias en webcam y, más adelante, llamadas VoIP (Voz sobre Protocolo de Internet) ─método para llamadas por medio de la red─, todo por un módico precio y un añadido: tomarse un café o refresco.

Los cibercafés han disminuido mucho en número y clientela; antes, era común tener uno cerca de casa. Hoy resulta incluso difícil dar con uno, y la razón es el avance de las telecomunicaciones: las conexiones privadas más veloces han provocado que ya no haya la necesidad.

En definitiva, los cibercafés no han muerto, solo han evolucionado, bien cambiando de región o reenfocando su negocio: hoy son locutorios, puestos de conexión a internet en hoteles (y a precio de oro), cafeterías y restaurantes, como Starbucks, que ofrece conexión a cambio de consumición.

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Desaparición
Liliana Balam Pat, del ciber La Guadalupana, en el centro del municipio de Felipe Carrillo Puerto, cobre la avenida Constituyentes, coincide en que solo quedaron un par de locales en la zona después de la epidemia, de un total superior a los 20 establecimientos.

“La mayoría cerraron porque llegó el boom de las laptops y los teléfonos celulares y ahorita muchos ya tienen su propia impresora portátil”, y señala que el promedio de uso de una terminal varía entre los 15 minutos y media hora.

“Pero hay personas que vienen y dependiendo de lo que estén haciendo tardan hasta dos o tres horas (…) las rentan para elaborar diferentes trabajos y contratos, mientras que los niños vienen a hacer tareas.”

En ese sentido, la microempresaria cree que es posible que los cibercafés vayan a desaparecer “debido a que actualmente hay mucha tecnología y sigue avanzando (…) y tras la pandemia bajó mucho la clientela porque provocó que la gente comprara sus propios equipos”.

El negocio que a fines de los años 90 del siglo pasado auguró el éxito enfrentan una realidad muy diferente: los cibercafés o café internet están en extinción, y algunos dueños aceptan que los mejores momentos han pasado y que buscan formas para subsistir, pero que, definitivamente, lo que alguna vez estuvo de moda ahora va en declive.

Carlos Águila Arreola / Grupo Cantón

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