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junio 15, 2026

Voces

Juventud prestada

Hace unos días visité a un familiar que hoy depende de una silla de ruedas. Durante nuestra conversación me confesó algo que me hizo pensar profundamente: ahora realiza los ejercicios que nunca quiso hacer cuando gozaba de buena salud.

La vida terminó imponiéndole aquello que durante décadas postergó.

Lo que pudo haber sido una decisión voluntaria se convirtió en una necesidad. Lo que antes parecía opcional hoy forma parte de una rutina de rehabilitación que busca recuperar parte de lo perdido.

Aquella conversación me hizo reflexionar sobre una de las grandes ilusiones que solemos alimentar: creer que siempre habrá tiempo.

Tiempo para empezar a cuidarnos. Tiempo para mejorar la alimentación. Tiempo para descansar mejor. Tiempo para mover el cuerpo. Tiempo para hacer aquello que sabemos que nos conviene.

Pero los años pasan, pesan y pisan.

Con frecuencia pensamos en el futuro como algo lejano, cuando en realidad lo estamos construyendo todos los días. Cada hábito, cada decisión y cada elección cotidiana son ladrillos invisibles de la vida que tendremos más adelante.

La gente colecciona muchas cosas. Algunos coleccionan monedas, otros fotografías o recuerdos. Yo colecciono frases. Y una que le he tomado prestada a mi esposo dice así: “Hay que envejecer con dignidad”.

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Con el tiempo he comprendido que esa dignidad no aparece de repente cuando llegan las canas. Tampoco se construye cuando el cuerpo comienza a pasar factura. Se construye ahora, en lo que hacemos hoy. En la disciplina que practicamos cuando nadie nos obliga. En el cuidado que damos a nuestra salud física, emocional y espiritual. En la manera en que administramos el tiempo que se nos ha concedido.

Porque llegará el momento en que nuestras fuerzas ya no serán las mismas. Habrá actividades sencillas que requerirán más esfuerzo y tareas que quizás no podremos realizar solos. Es la realidad natural de la vida.

Por eso la pregunta importante no es cuántos años viviremos, sino cómo queremos vivirlos.

Excusas siempre existirán. Habrá días en los que la motivación desaparezca y solo quede la disciplina. Habrá momentos en los que lo fácil parezca más atractivo que lo correcto. Sin embargo, cada jornada nos presenta una elección silenciosa: construir o aplazar.

La Biblia dice en Gálatas 6:7 que “todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”. Ese principio no solo se aplica a lo espiritual. También se refleja en nuestra salud, nuestras relaciones y nuestras decisiones diarias.

El mañana no está garantizado para nadie. Pero si Dios nos concede una larga vida, sería bueno llegar a ella con la tranquilidad de saber que hicimos nuestra parte.

Porque la calidad de nuestros últimos años no comienza a definirse en la vejez. Comienza hoy, en las pequeñas decisiones que parecen insignificantes, pero que con el tiempo terminan escribiendo nuestra historia.

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