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mayo 18, 2026

Voces

A falta de inspiración, estimulación

Siempre me he considerado una persona creativa; se me da natural escribir reflexiones, canciones y poesías, pero debo confesar que hay días, que luego se vuelven semanas, en que el bloqueo emocional y mental aparece sin fecha de retorno.

En esos momentos me siento estancada, con miedo a siquiera intentarlo porque lo quiero hacer perfecto a la primera o mi cabeza está llena de lógica y poca intuición o simplemente no quiero salir de la zona de confort donde lo conocido me parece menos riesgoso.

Y cuando no es nuestro interior el que nos juega una mala pasada, es el ambiente externo: la saturación de información en la que vivimos, que lejos de ayudarnos nos hunde más; el estrés que llegó para quedarse en este siglo o la falta de estimulación.

Aprendí que la falta de estimulación no es sinónimo de falta de información; podemos estar rodeados de mucho contenido inútil que no aporta nada ni despierta la musa que llevamos dentro.

La creatividad se define como esa capacidad humana para generar ideas, conceptos o asociaciones originales, o como la describe Albert Einstein:

La creatividad es la inteligencia divirtiéndose”.  A veces esa inteligencia necesita una ayudita; requiere que la nutramos con arte, lecturas, conversaciones o experiencias.

Leí por ahí que la creatividad es conectar cosas que nunca se habían juntado.

Así que a lo mejor no es que hayamos perdido el talento, sino que nos falta material nuevo.

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Quizás no somos tan creativos como antes porque estamos consumiendo el mismo contenido siempre.

La gente que produce cosas interesantes no es necesariamente más talentosa, pero sí es más porosa. Deja entrar más lo que alimenta el intelecto.

Un reciente estudio publicado por Innovation in Aging de University College London reveló que las personas que participaban en actividades artísticas y culturales con mayor frecuencia y de más variedad parecían tener un ritmo de envejecimiento más lento y una edad biológica más joven.

Las personas que realizaban alguna actividad artística, al menos una vez a la semana, parecían envejecer un 4 % más lentamente que quienes raramente lo hacían.

Este resultado es similar al observado entre quienes hacían ejercicio al menos una vez a la semana.

Entonces, al sentirnos estancados creativamente hablando, vayamos a calentar y a entrenar esos músculos mentales: escuchando buena música, leyendo libros interesantes, teniendo una conversación profunda, agarrando pinceles, pintura y un lienzo o dando un paseo por un museo.

El mismo Dios nos aconsejó en Proverbios 18:15: “Las personas inteligentes están siempre dispuestas a aprender; tienen los oídos abiertos al conocimiento”, porque, como también enfatizaba Einstein: “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”.

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