Al norponiente de Cancún, en la Región 247 y zonas aledañas, se encuentra Urbi Villas del Rey.
Para muchos es simplemente un fraccionamiento más.
Pero detrás de sus calles vive una realidad que pocas veces aparece en las estadísticas oficiales.
Diversos reportes estiman que esta comunidad concentra alrededor de 4,700 viviendas y entre 15 mil y 18 mil habitantes.
Aquí viven miles de mujeres y hombres que todos los días sostienen una de las industrias turísticas más importantes del mundo.
Son camaristas que preparan habitaciones antes del amanecer.
Meseros que atienden restaurantes.
Recepcionistas que reciben visitantes de todos los continentes.
Jardineros que mantienen nuestros hoteles.
Choferes, guardias de seguridad, cocineros, operadores de parques y trabajadores náuticos.
Personas que hacen posible que millones de turistas vivan una experiencia extraordinaria en Quintana Roo.
Sin embargo, para muchos de ellos, la jornada laboral comienza mucho antes de llegar al trabajo.
Cada día recorren entre 20 y 30 kilómetros para llegar a sus centros laborales.
Muchos realizan uno o dos transbordos.
Muchos invierten entre dos y tres horas diarias en transporte.
Muchos gastan una parte importante de sus ingresos simplemente para poder llegar a trabajar.
Pero el costo más alto no se mide en pesos.
Se mide en tiempo.
Tiempo que no pasan con sus hijos.
Tiempo que no dedican a estudiar.
Tiempo que no utilizan para descansar.
Tiempo que no recuperarán jamás.
Y aquí surge una pregunta fundamental:
¿Puede una ciudad ser verdaderamente exitosa si quienes sostienen su economía pasan cada vez menos tiempo con sus familias?
Por eso es importante entender el programa de movilidad que impulsa la gobernadora Mara Lezama.
Cuando hablamos de movilidad no hablamos solamente de transporte. Hablamos de la posibilidad de que una persona llegue más rápido a su trabajo, de que una madre tenga más tiempo para estar con sus hijos o de que un estudiante pueda dedicar más horas a prepararse para su futuro.
La visión que hoy se impulsa en Quintana Roo busca precisamente eso: construir una movilidad más humana, segura, accesible y eficiente para quienes todos los días mueven la economía del estado.
Las obras de infraestructura vial, la modernización del transporte público, la mejora de los accesos a las colonias y la planeación de nuevos corredores de movilidad tienen un objetivo común: reducir tiempos de traslado y mejorar la calidad de vida de las familias.
Porque una ciudad no puede medirse únicamente por su crecimiento económico. También debe medirse por las oportunidades que genera para que las personas vivan mejor.
Cada minuto que una trabajadora deja de pasar atrapada en el tráfico es un minuto que puede dedicar a su familia, a su descanso o a su desarrollo personal.
Cada trayecto que se vuelve más seguro representa tranquilidad para miles de hogares.
Cada mejora en la conectividad acerca oportunidades de empleo, educación y bienestar.
La movilidad eficiente también fortalece la productividad, impulsa la economía local y contribuye a construir comunidades más unidas y con mayores oportunidades para todas y todos.
Por eso la movilidad debe entenderse como una herramienta de justicia social.
Durante años hemos medido el desarrollo por hoteles construidos, turistas recibidos o derrama económica generada.
Quizá ha llegado el momento de medirlo también por algo más humano.
Por el tiempo que una madre puede pasar con sus hijos.
Por el tiempo que un padre puede compartir con su familia.
Por las horas de vida que una ciudad puede devolverle a quienes la hacen posible.
Porque cuando una ciudad recupera tiempo para su gente, también recupera bienestar, productividad, seguridad y esperanza.
Y quizá esa sea una de las formas más profundas de justicia social que podemos construir para Cancún.

