Las defunciones registradas por el INEGI a causa del suicidio en el estado de Quintana Roo, son por ahorcamiento en su mayoría, nuestra entidad se encuentra consistentemente entre las 10 entidades con mayor incidencia de suicidios en México.
El suicido está rodeado de estigmas, mitos y tabúes, debido a su complejidad muchas veces evadimos hablar de ello y sólo se comenta cuando vuelve a suceder, además de la falta de acceso a información sobre la salud mental que se brinda en las instituciones, escuelas y en la casa.
Pero ¿cómo abordarlo, cuantos de los que trabajan la salud mental están capacitados para abordar el tema, que seguimiento se da a los familiares, como continuar después que un ser querido se suicida?
¿Cuáles son los indicadores que hay que ponerle atención?
Todos los días desde que amanece empezamos a enfrentar desde nuestra individualidad, las emociones, los diferentes óoles como se dice en maya, alegría, tristeza, enojo, frustración, y así continúa el día, si pudimos expresarle a alguien cercano, de acuerdo al nivel de confianza, por qué estamos contentos, enojados, o tristes, la vida fluye y cuando no, se estancan esas emociones, se empiezan a reprimir y en algún momento colapsar.
Con que libertad podemos hablar de cómo nos sentimos, si desde pequeños nos entrenaron a reprimir nuestro óol nuestras emociones.
Cuantos de los que leemos estos renglones hemos sido parte de una escena en donde un niño o niña llora porque se cayó y alguien le dice, no llores, o un berrinche, en dónde se repiten las palabras aprendidas de quienes nos educaron: exageras, no es para tanto, cállate, o peor aún, se opta por la agresión.
Muchos recuerdan la “educación” de la chancla o del cinturón con un tono romántico, se justifica que porque los que fueron educados de ese modo son hombres y mujeres de bien, ¿acaso deberíamos seguir “educando” de ese modo?
“Te pego para que no lo vuelvas a hacer”, se justifica de ese modo la violencia.
En diferentes salas de espera, casas o parques hay un tío, tía, padre, madre, o un familiar “educando” vamos a decirle en la educación tradicional, en lugar de validar las emociones están los chantajes, si te calmas te doy un dulce, o prometen cualquier cosa con tal de no presenciar un berrinche.
Hoy en día desde niños, adolescentes y adultos estamos con el excesivo uso de pantallas, lo cual nos distrae en la atención a nuestras emociones, y es más fácil vivir lo que nos imponen desde fuera y no valoramos lo que tenemos. Escuchemos la vida identificando nuestras emociones para poder contenerlos y avanzar en el kuxtal en la vida.
Chen waye’