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mayo 12, 2026

Voces

Educación a la deriva

Pareciera que en la Secretaría de Educación Pública alguien decidió que, si el sistema educativo no está dando resultados, lo más práctico es simplemente acortar el calendario. Total, ¿qué podrían perder los estudiantes mexicanos además de clases?

La propuesta de concluir el ciclo escolar el 5 de junio generó críticas inmediatas. Y con razón. En un país donde el rezago educativo no es un invento ni una exageración, sino una realidad documentada, la idea de terminar antes simplemente sonaba absurda.

Pero si la propuesta era mala, sus justificaciones fueron todavía peores.

Primero se dijo que era por la intensa ola de calor que afecta algunas entidades. Un argumento entendible… si la medida hubiera sido focalizada y no planteada como si todo México estuviera bajo el mismo termómetro.

Después apareció la explicación mundialista. Sí, el Mundial. Como si un torneo de futbol justificara alterar el calendario escolar nacional, aunque México apenas será sede en tres ciudades. Francamente, parecía una ocurrencia.

Y cuando ambas explicaciones comenzaron a derrumbarse, apareció Mario Delgado con una defensa que terminó por empeorar todo. El secretario explicó que las escuelas no son lugares de resguardo para niñas y niños. Una declaración tan innecesaria como desconectada de la realidad de millones de familias donde ambos padres trabajan y donde la escuela representa mucho más que clases: estructura, orden y acompañamiento.

Pero luego vino la confesión más preocupante: reconocer que, tras la entrega de calificaciones, el sistema educativo entra en una especie de inercia sin propósito pedagógico claro.

Perdón, ¿cómo?

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¿La máxima autoridad educativa del país admitiendo con toda naturalidad que durante semanas el sistema opera en piloto automático? Si ese es el diagnóstico, entonces el problema no era terminar el ciclo el 5 de junio en lugar del 15 de julio. El problema es muchísimo más grave.

México tiene jóvenes con serias deficiencias en matemáticas y habilidades básicas. Lo urgente sería discutir cómo mejorar la calidad educativa, no cómo justificar menos tiempo en las aulas con argumentos que van cambiando según avanza la crítica.

Y sí, queda inevitablemente la impresión de que Mario Delgado parece más concentrado en otros proyectos políticos que en defender una política educativa seria.

Porque una cosa es cometer un error. Otra, intentar explicarlo con ocurrencias sucesivas.

En educación, improvisar ya es bastante grave. Pero improvisar mientras se pretende venderlo como estrategia… eso sí debería preocuparnos.

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