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julio 03, 2026

Voces

Cuando el dolor también compite por atención

Las redes sociales tienen un poder inmenso. En cuestión de minutos pueden conectar a miles de personas con una causa, movilizar ayuda y hacer que una historia cruce fronteras. También pueden convertir el sufrimiento en un producto de consumo.

En los últimos días, mientras colaboraba con acciones de ayuda para Venezuela, vi el enorme impacto que puede tener una publicación. Gracias a un video o una historia, llegaron voluntarios, donaciones y personas dispuestas a ayudar. Ahí recordé que comunicar también puede ser una forma de servir.

Pero, al mismo tiempo, apareció una pregunta incómoda: ¿en qué momento una historia deja de generar conciencia y empieza a competir por atención?

Existe un término para este fenómeno: sadfishing. Describe aquellas publicaciones que utilizan el dolor como principal recurso para obtener interacción, validación o alcance. Y aunque no siempre es fácil identificar dónde está el límite, creo que quienes trabajamos en comunicación tenemos la responsabilidad de hacernos algunas preguntas antes de publicar.

¿Esta historia informa o solo impacta? ¿Respeta la dignidad de quienes aparecen? ¿Ofrece una forma de ayudar? ¿La compartiría igual si nadie pudiera darle un “me gusta”?

Mostrar una tragedia no es, por sí mismo, un error. Muchas veces es necesario para visibilizar una realidad que no debería pasar desapercibida. Lo que marca la diferencia es la intención y la manera en que elegimos contarla.

Vivimos obsesionados con el algoritmo, con el alcance y las métricas. Sin embargo, hay momentos en los que la conversación ya no debería girar alrededor de cuántas personas vieron una publicación, sino de cuántas personas lograron ayudar gracias a ella.

Porque el verdadero impacto de una historia no siempre se mide en reproducciones. A veces se mide en las manos que decidió mover.

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@soygabrielavivas

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