¿Cuántas veces has pasado horas imaginando todo lo que podría salir mal? Una conversación difícil, una decisión importante, un cambio de trabajo o, simplemente, no saber qué ocurrirá mañana.
Nuestra mente intenta anticiparse a los problemas para protegernos. Sin embargo, cuando buscamos tener certeza absoluta sobre el futuro, podemos terminar atrapados en una preocupación constante.
La incertidumbre forma parte de la vida. No podemos controlar las decisiones de otras personas, evitar todos los errores ni garantizar que las cosas sucedan como esperamos.
Aun así, muchas veces creemos que preocuparnos lo suficiente nos ayudará a estar preparados. Repasamos escenarios, buscamos respuestas y tratamos de resolver situaciones que todavía no han ocurrido.
Pero pensar constantemente en un problema no significa que estemos encontrando una solución.
Aprender a tolerar la incertidumbre no implica dejar de planear ni actuar con irresponsabilidad. Significa reconocer qué está en nuestras manos y qué necesitamos aprender a aceptar.
Podemos prepararnos para una conversación, pero no controlar la respuesta de la otra persona. Podemos tomar decisiones informadas, pero no garantizar sus resultados.
Cuando aparezca la preocupación, intenta preguntarte: ¿hay algo que pueda hacer al respecto en este momento?
Si la respuesta es sí, identifica un pequeño paso que puedas dar. Si es no, quizá sea momento de dirigir tu atención hacia aquello que sí puedes atender hoy.
No necesitas tener todas las respuestas para continuar avanzando.
A veces, cuidar nuestra salud mental también significa aprender a vivir sin la garantía de que todo saldrá exactamente como lo imaginamos.
Porque no siempre podemos elegir lo que sucederá, pero sí podemos desarrollar herramientas para afrontar aquello que venga.
Psic. Danya Torres
Directora de Anavya
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