El llamado a privilegiar el diálogo y la unidad por parte de los aspirantes a las coordinaciones municipales de Morena refleja un esfuerzo estratégico indispensable para mitigar el riesgo de rupturas internas en el diseño organizativo rumbo a 2027. En un escenario político marcado por el registro de decenas de perfiles en los once municipios, la viabilidad institucional será clave para evitar que las ambiciones individuales fracturen las bases.
Si bien unidad no es lo mismo que unanimidad y una decisión colectiva no necesariamente resulta cómoda para todos, se espera que sus integrantes respeten ciertas reglas. La democracia también implica expresar desacuerdos, pero estos deben plantearse con la intención de sumar, porque quien se excede puede terminar quedándose fuera.
Los aspirantes a la coordinación municipal de Morena en Othón P. Blanco, Nabil Eljure Terrazas y David Hernández Solís, han hecho un llamado a privilegiar el diálogo y el trabajo en equipo. La fórmula de trabajar a favor de su partido y defender el territorio ganado ha demostrado que funciona y rinde frutos, como lo hicieron recientemente Gino Segura y Ana Paty Peralta.
Trabajar en equipo es garantía de legitimidad en los procesos. En teoría, se trata de defender un proyecto de nación y no de anteponer las aspiraciones individuales. En la práctica, es la antesala del ejercicio electoral y una forma de frenar desprendimientos que den margen de maniobra a la oposición.
En el trabajo de campo, Nabil Eljure mantiene una postura orientada a conservar la cercanía con la ciudadanía y fortalecer el trabajo territorial. Por su parte, David Hernández conoce las bases del trabajo interno y ha planteado la importancia de no convertir la competencia en un motivo de división.
Las reglas son claras: la función será cuidar la identidad del Movimiento y garantizar que quienes participen lo hagan por convicción, no por cálculo.
EN EL OJO DEL HURACÁN
Una muestra de que quien se mueve demasiado puede quedarse fuera de la foto, de la boleta y de la atención partidista es el caso de Marybel Villegas Canché. Sus estrategias parecen perder fuerza, mientras que los reflectores se alejan y su futuro político enfrenta nuevos desafíos.
Marybel Villegas ha desarrollado buena parte de su trayectoria política en medio de inconformidades. En los partidos en los que ha participado, su desempeño ha sido objeto de controversias y cuestionamientos. Durante años, esa dinámica pareció funcionar como una forma de atraer atención; sin embargo, esa historia parece repetirse y mostrar señales de desgaste.
Los números favorables que, según afirma la exlegisladora, la respaldan se han quedado, hasta ahora, en el terreno de sus declaraciones y conferencias. La supuesta preferencia partidista que sostiene tener no se ha traducido, al menos públicamente, en un respaldo concreto. Hasta el momento, no ha habido una fuerza política que anuncie de manera contundente que la incorpora a sus filas con el propósito de construir un proyecto electoral conjunto.

