Serendipia: mirar distinto para entender mejor
Por Irma Ribbon / Grupo Cantón
X: @IrmaRibbon
Se acabaron los premios de consolación.
Hay algo que siempre me ha hecho ruido en la política: esa costumbre de que nadie pierda del todo.
La Suprema Corte de Justicia de la Nación avaló la reforma electoral de Quintana Roo que cambia la manera de asignar las regidurías de representación proporcional en los 11 ayuntamientos.
En pocas palabras, quien compita por una presidencia municipal y pierda, ya no tendrá el pase automático a una regiduría.
La lista comenzará con el primer regidor y continuará conforme al orden registrado en la planilla.
El PRI se inconformó y defendió que el candidato a presidente municipal pudiera ocupar la primera posición de la lista de regidores en caso de perder.
La Corte dijo que no.
Y yo me pregunto: ¿por qué tendría que ser de otra manera?
Si alguien se presenta ante los ciudadanos para gobernar un municipio y la gente decide que no, pues no.
Así de sencillo.
La democracia también debería enseñarnos a aceptar una derrota, no a buscar inmediatamente la manera de conservar un cargo.
Durante años pareciera que perder una elección era perder a medias: no ganaste la presidencia municipal, pero todavía estaba la regiduría como premios de consolación.
Ahora eso cambia.
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La reforma electoral cambia las reglas
La reforma electoral de Quintana Roo modifica esa lógica.
Aunque todavía falta que la reforma sea publicada en el Periódico Oficial del Estado para que pueda aplicarse formalmente, todo apunta a que será una de las nuevas reglas para el proceso electoral de 2027.
Pero tampoco hay que echar las campanas al vuelo.
Quitarle al candidato perdedor el pase automático no garantiza mejores Cabildos.
Ahora habrá que estar atentos a quiénes ocupan los primeros lugares de las listas.
Tampoco se trata de cambiar una puerta por otra para que entren los mismos de siempre: amigos, cuotas, recomendados o quienes tengan mejores acuerdos con las dirigencias.
La ciudadanía merece representantes, no premios ni cuotas.
Y quizá ahí está lo interesante de esta reforma.
Una candidatura no debería convertirse en un seguro para conservar un cargo público.
Si perdiste, perdiste.
Y si quieres volver a intentarlo, que sea buscando nuevamente el respaldo de la gente.
Porque un cargo público no debería ser el premio de consolación de una elección perdida.