En las dos entregas anteriores de Desde la Butaca hablamos de escena. Algodón de azúcar nos dejó una gran producción y algunas butacas vacías. LUX mostró otra cara: una creación nacida en Cancún capaz de convocar al público y permanecer en cartelera. Entre ambas experiencias quedó rondándome una pregunta: ¿quién llena una butaca?
La respuesta fácil sería: el espectador. Pero mucho antes de que alguien se siente, un creador tuvo que imaginar, un equipo producir, una institución abrir el espacio y alguien comunicar que allí estaba ocurriendo algo que merecía nuestro tiempo.
Construir públicos es también una responsabilidad compartida.
Al artista le corresponde hacer que la experiencia merezca la entrada. A las instituciones, sostener espacios, programar con diversidad y acercar esa programación a la ciudadanía. A quienes comunicamos cultura, generar conversación y criterio. Al público le queda una decisión insustituible: buscar, elegir y asistir; también pagar cuando la función tiene costo.
La gratuidad es una herramienta imprescindible para democratizar el acceso a la cultura. Pero una ciudad no puede acostumbrarse a entender que el teatro solo vale la pena cuando no cuesta. Detrás de cada función existen trabajo, especialización y recursos que necesitan sostenerse.
Y en Cancún hay otra oportunidad esperando.
Somos una potencia turística. ¿Por qué la pregunta “qué hacer esta noche” tendría que responderse únicamente con playa, gastronomía o entretenimiento? El turismo cultural contemporáneo también busca encontrarse con aquello que una comunidad crea y reconoce como propio.
Pero antes de pedirle al visitante que descubra nuestro teatro, tendremos que habitarlo nosotros.
Que una compañía local permanezca en cartelera importa. Que una producción nacional encuentre una sala llena también. Una cosa alimenta a la otra: genera hábito, conversación y deseo de volver.
Quizás por eso una butaca nunca la llena una sola persona.
La llenan el creador que la provoca, la institución que la hace posible y el espectador que finalmente decide ocuparla.
Una escena no existe porque tenga escenario. Existe cuando una ciudad decide encontrarse en él.
— Luz Marina Garrigó