En la entrega anterior mirábamos una maquinaria teatral y preguntábamos cómo hacerla crecer. Esta vez quiero detenerme en algo previo: reconocer que esa maquinaria existe.
Tres años de compañías municipales y dos del Teatro de la Ciudad construyen algo que Cancún necesitó durante décadas: continuidad. La celebración reunió por primera vez a sus cinco agrupaciones y recordó que una ciudad también se cuenta desde sus escenarios.
Las cifras lo dimensionan. Teatro, Coro y Ballet Folclórico acumulan 247 presentaciones gratuitas ante más de 51 mil personas. El Teatro de la Ciudad supera 800 representaciones y 290 mil asistentes en dos años. Carlos López Jiménez, director general del Instituto de la Cultura y las Artes de Benito Juárez, ha informado que cerca del 30 por ciento de ese público es turístico.
Ahí está la dimensión mayor del aniversario. Cancún, concebido como proyecto turístico, empieza a construir una cultura capaz también de motivar el viaje. Genera arte y espacios donde la memoria puede vivir, discutirse, transformarse y transmitirse.
Este logro exige continuidad. Teatro y compañías deben trascender partidos, administraciones y periodos de gobierno. Son patrimonio cultural de la ciudad. Sostenerlos implica presupuesto, proyecto, profesionalización, programación y público.
También exige reconocer a quienes lo hacen posible. Una función existe por quienes actúan, cantan, bailan, dirigen, programan, producen, iluminan, visten, cargan, acomodan, administran y limpian.
Del director del Instituto a quien apaga la última luz, una cadena de trabajo sostiene cada encuentro con el espectador.
Celebrar permite medir lo conseguido. La verdadera conquista será mirar atrás dentro de veinte años y reconocer aquí el momento en que Cancún decidió que su cultura también necesitaba casa, memoria y continuidad.
Entonces importará menos quién inauguró estos espacios y más aquello que hoy debemos comprender: ya son de la ciudad.

