La gobernadora enfrenta la recta final de su administración entre el respaldo político, las encuestas y las presiones internas que acompañan el proceso sucesorio.
Mara Lezama, la primera mujer gobernadora de Quintana Roo, llega a su penúltimo informe de gobierno, correspondiente al cuarto año de una administración de cinco.
La gobernadora ha mantenido, desde 2025, una calificación aprobatoria que, durante varios meses consecutivos, la colocó en el primer sitio entre las y los gobernadores del país, por estado, partido y género. Son números difíciles de sostener para cualquier mandatario en la recta final de una administración y porcentajes que sus más recientes antecesores no pudieron alcanzar en esta etapa.
Las aguas han estado agitadas en días recientes. Mara Lezama ha atraído reflectores a nivel nacional, pero en Quintana Roo mantiene un poder de convocatoria sostenible, con una agenda imparable de actividades.
En política, Mara Lezama gobierna sin oposición partidista, con acuerdos de la misma cepa en Morena y con el respaldo de las once presidencias municipales, el Congreso local y los legisladores federales en ambas cámaras.
Llega el cuarto informe de gobierno en la ruta de las manos alzadas, las encuestas y el trabajo doméstico de la 4T, que definirá quién participará por la gubernatura del estado y por todas las demás posiciones. Todo ello implica sortear y llevar a buen puerto las presiones internas, sin que estas lastimen al partido.
Mara llega fortalecida a su penúltimo informe. Mucho le servirá esa armadura para sortear lo que ya es presente: el golpeteo, la guerra sucia que podría traducirse en posibles escándalos y el proceso para conocer a su sucesor.
Posterior al domingo 6 de septiembre, con el Cuarto Informe de Gobierno, comienza el cierre definitivo de una administración que no se vislumbra nada relajada. Seguirá una agenda de trabajo continuo y de territorio, enfocada en consolidar los proyectos de infraestructura, sin interrupciones ni pausas en el ritmo de trabajo.
EN EL OJO DEL HURACÁN
Claudia Sheinbaum llegó a su segundo año de gobierno mostrando que, en el ejercicio de la Presidencia, existe un proceso de consolidación de su liderazgo y autoridad propia, muy a pesar de las presiones de su antecesor, López Obrador, y, en el otro extremo, del poderío yanqui.
La presidenta ha reiterado que forma parte del mismo movimiento político que su antecesor, sosteniendo una narrativa que no solo cuestiona la autonomía de su gobierno, sino que también reproduce la idea de que las mujeres carecen de capacidad para ejercer el poder político.
Lo cierto es que los López no figuraron ni en presencia ni en discurso como en otras ocasiones. Y es cierto que las mismas causas que los unen, hoy los separan.