Mi abuela nunca levantaba la voz para hacerse escuchar. Cuando la discusión subía de tono, ella esperaba el silencio y entonces hablaba. Decía: “No confundas el ruido con la fuerza”. Con el tiempo, descubrí que esa frase era una lección sobre liderazgo.
Vivimos rodeados de estridencia. Las redes sociales premian la reacción inmediata, los debates se convierten en espectáculos y, muchas veces, pareciera que quien grita más tiene la razón. Pero la verdadera fuerza no necesita exhibirse constantemente; se demuestra con coherencia, trabajo y resultados.
Las comunidades avanzan cuando existen personas capaces de sostener causas incluso cuando dejan de ser tendencia. El liderazgo social no se mide por el número de seguidores, sino por el número de vidas que logra transformar. Hay mujeres y hombres que trabajan durante años en silencio: organizan voluntarios, gestionan apoyos, acompañan a familias, forman jóvenes o defienden el medio ambiente. Ellos rara vez ocupan los reflectores, pero sostienen una parte esencial del país.
Necesitamos menos protagonismo y más propósito. Menos confrontación y más colaboración. La fuerza que transforma una ciudad es la que permanece cuando las cámaras se apagan.
Como decía mi abuela: “No confundas el ruido con la fuerza”. Quizá el futuro pertenezca a quienes aprendan a trabajar con firmeza, paciencia y convicción, incluso cuando nadie esté mirando.
Conocer el trabajo silencioso de quienes sirven es el primer paso para reconocer su impacto. Solo activando voluntades lograremos construir una sociedad basada en la igualdad y el respeto, pero, sobre todo, en el amor.
Sociedad Civil Organizada… Futuro Sostenible.
Dra. Peláez