Mi abuela desconfiaba de quienes hablaban del futuro como si fuera un lugar al que algún día llegaríamos por inercia. Ella decía: “El futuro no se espera, se organiza”. Entonces comenzaba a hacer listas, reunir personas, repartir tareas y convertir las buenas intenciones en acciones concretas.
Esa frase resume el desafío de nuestro tiempo. No basta con desear una sociedad más justa, más segura, más incluyente o más sostenible; es necesario construirla deliberadamente. Cada generación recibe un territorio, unas instituciones y unas heridas, y decide después si las administra o las transforma.
Quintana Roo enfrenta retos enormes: crecimiento urbano acelerado, desigualdad, salud mental, protección del medio ambiente, participación ciudadana y generación de oportunidades para las nuevas generaciones. Ninguno de estos desafíos se resolverá con discursos aislados. Requieren organización, continuidad y cooperación entre distintos sectores de la sociedad.
He aprendido que las organizaciones de la sociedad civil representan una de las expresiones más valiosas de esa capacidad de organizar el futuro. Son espacios donde el compromiso se convierte en estructura, donde la solidaridad encuentra un método y donde las causas adquieren permanencia. Allí, las personas descubren que su participación puede trascender su propia historia.
Como decía mi abuela: “El futuro no se espera, se organiza”. Y quizá la mejor herencia que podemos dejar no sea una obra, un cargo o un reconocimiento, sino una comunidad más fuerte, más unida y más consciente de su capacidad para transformar la realidad.
Conocer el futuro que queremos es el primer paso para reconocer la responsabilidad que tenemos de construirlo. Solo activando voluntades lograremos una sociedad basada en la igualdad y el respeto, pero, sobre todo, en el amor.
Sociedad Civil Organizada… Futuro Sostenible.
Dra. Peláez