Y llegó el día. Llegó el día en que tuve el honor de rendir cuentas a los 120,795 corazones de mi Distrito 6: mujeres, hombres, niñas, niños, jóvenes y adultos mayores que sueñan, trabajan y luchan por salir adelante. Detrás de cada corazón hay una historia, una necesidad y una esperanza. Representarlos es un privilegio y una responsabilidad que llevo conmigo todos los días.
Mi compromiso no es solamente con quienes votaron por mí, sino con cada persona de mi distrito. Porque la confianza no se honra con palabras: se honra con trabajo.
Mi historia y mi vocación de servicio nacieron de escuchar y atender las necesidades de la gente. Por eso sé que las leyes también nacen en las calles. Muchas veces, una iniciativa comienza cuando una madre abre la puerta de su casa, cuando una familia pide justicia o cuando alguien se atreve a contar una historia que durante años nadie quiso escuchar.
Transformar esa necesidad en una ley exige mucho más que buenas intenciones: investigar, estudiar la legislación, identificar vacíos y reunir especialistas que construyan soluciones. Una reforma estatal puede beneficiar a los 11 municipios de Quintana Roo, no solamente a mi Distrito 6.
Legislar sobre bienestar animal requiere veterinarios y autoridades especializadas. Enfrentar el acoso digital demanda expertos tecnológicos, fiscalías y operadores de justicia. Proteger a las mujeres embarazadas privadas de la libertad exige especialistas en salud, derechos humanos e infancia. Cada iniciativa representa un desafío distinto y un equipo diferente.
Después comienza el camino legislativo. Como referencia ilustrativa, construir una iniciativa puede requerir de 30 a 60 días; su análisis en comisiones, consultas, negociaciones y dictamen, de 90 a 210 días; y su discusión y votación en el pleno, de 1 a 15 días. No son plazos oficiales. Una propuesta puede necesitar entre 4 y 9.5 meses o quedarse esperando acuerdos que nunca llegan.
En estos 24 meses participé en 46 iniciativas, de las cuales 30 fueron aprobadas. Con nuestra bancada construimos 32 y logramos 22 aprobaciones; otras 14 fueron individuales y 8 alcanzaron la aprobación del Congreso.
Si tomamos 10 meses como referencia hipotética por iniciativa, esas 8 aprobaciones representarían 80 meses acumulados de procesos legislativos, desarrollados en 24 meses de legislatura gracias al trabajo simultáneo. Aquí quiero reconocer a mi extraordinario equipo de profesionistas y especialistas, que ha abrazado este proyecto de servir por y para nuestro Distrito 6. Su preparación, entrega y compromiso han sido fundamentales para convertir necesidades ciudadanas en propuestas concretas.
Otras 6 iniciativas individuales siguen su proceso. Estoy convencida de que pronto podremos llevarlas al pleno para su votación y lograr su aprobación. De concretarse, las 14 representarían, bajo esa misma comparación ilustrativa, 140 meses acumulados de procesos impulsados en 24 meses de legislatura.
En mi segundo año realizamos 267 actividades territoriales. Y en estos 2 años hemos llevado a cabo 150 recorridos casa por casa. Si cada recorrido abarcó 5 calles de aproximadamente 100 metros y caminamos por separado ambas aceras, equivaldrían a 150 kilómetros a pie. Con un promedio estimado de 20 viviendas por calle, representan unas 15,000 puertas de hogares donde podrían vivir alrededor de 48,000 personas.
Detrás de cada puerta hay mucho más que números: la preocupación de una abuela, la esperanza de una madre, las aspiraciones de un joven. He recorrido las 64 secciones electorales de mi distrito, escuchando necesidades que merecen respuestas, no solamente promesas.
Rendir cuentas es un honor; seguir trabajando, mi compromiso. En este 3.er año habrá más territorio, más atención, más gestiones y más soluciones. Porque servir a mi gente es mi pasión y mi vocación. Quiero que mis hijas y las generaciones que vengan caminen con la frente en alto, sabiendo que representé con dignidad a quienes confiaron en mí.
Y mañana volveré a tocar otra puerta. Porque mi compromiso sigue caminando.

