Por @IrmaRibbon / Grupo Cantón
Estos días siempre me hacen pensar en quienes ya no están.
Basta mirar una fotografía, encender una veladora o escuchar una canción para que aparezcan sus rostros, sus voces y tantos momentos que uno quisiera volver a vivir.
Hay ausencias que duelen, aunque pase el tiempo. Porque uno aprende a seguir adelante, retoma sus rutinas, se ríe, trabaja, hace planes… pero hay momentos en los que la falta de alguien vuelve a sentirse con una fuerza inesperada.
Y es que cuando queremos de verdad, nunca terminamos de despedirnos del todo. Seguimos encontrando a esas personas en una frase, en una costumbre, en un recuerdo o en esas pequeñas cosas que antes compartíamos sin imaginar cuánto las extrañaríamos.
Por eso me gustan estos días. Porque más allá de las flores, las veladoras y las ofrendas, tienen algo profundamente humano: nos permiten recordar, agradecer y volver a sentir cerca a quienes se adelantaron.
Pero también me dejan una reflexión: ¿por qué esperamos a que alguien ya no esté para decirle cuánto significa para nosotros?
A veces nos gana el orgullo, posponemos una llamada, dejamos para después un abrazo o creemos que siempre habrá otra oportunidad.
Y no siempre la hay.
Hoy quisiera que recordáramos a quienes se fueron con amor, no solamente con tristeza. Que agradezcamos haber coincidido con ellos y que, mientras tengamos cerca a quienes amamos, no nos falten las palabras ni los abrazos.
Porque hay ausencias que nunca dejan de acompañarnos y amores que ni siquiera la muerte consigue llevarse.

