MI MADRE ESTÁ POR CUMPLIR 90 AÑOS
Ayer tuve que acudir a la Fiscalía General de la República por un proceso penal que hemos sostenido desde hace casi cinco años contra Alfredo Adame, por presuntos actos de discriminación y violencia contra una adulta mayor: mi madre, quien está por cumplir 90 años.
Cinco años no son cinco días. Han sido años de diligencias, declaraciones, audiencias, documentos, desgaste emocional y tiempo invertido para exigir algo elemental: respeto y justicia.
Mi madre no pertenece al medio artístico, no es figura pública, jamás se ha metido con Alfredo Adame y ni siquiera lo conoce. Sin embargo, este señor la ha insultado públicamente en repetidas ocasiones con el único propósito, desde mi punto de vista, de lastimarme a mí. Como no puede enfrentarme con argumentos, decidió utilizar a una mujer de la tercera edad para intentar afectar mi imagen.
Eso retrata de cuerpo entero a cualquiera.
De acuerdo con lo que me informa mi asesor jurídico, el licenciado Enrique González Casanova, el proceso se encuentra próximo a concluir. Confío plenamente en las autoridades y espero que la resolución sea favorable para mi madre. No estoy buscando venganza ni un espectáculo mediático. Estoy buscando justicia y que quede establecido que la libertad de expresión no es una licencia para humillar, discriminar o violentar a una persona adulta mayor.
NO ES UN CASO AISLADO
Lo preocupante es que la historia de confrontaciones y expresiones violentas de Alfredo Adame no comenzó conmigo ni se limita a mi familia.
A lo largo de los años ha sostenido pleitos públicos con periodistas, conductoras, compañeros de trabajo, exparejas y personas con las que alguna vez tuvo una relación cercana. Ahí están sus enfrentamientos con Pati Chapoy, Andrea Legarreta, Galilea Montijo y varios integrantes del medio de la comunicación y los espectáculos.
También ha lanzado ataques contra compañeras y compañeros como Joanna Vega-Biestro, Ana María Alvarado y Lalo Carrillo. A esta lista se suman conflictos públicos con su exesposa Mary Paz Banquells, así como con Susan Quintana y Magaly Chávez. Varias de estas personas han hablado públicamente de presuntas agresiones, amenazas, insultos o episodios de violencia. Cada caso deberá ser valorado por las autoridades conforme a sus pruebas y circunstancias.
No se trata, entonces, de una diferencia personal entre Alfredo Adame y su servidor. Estamos ante una conducta que, por su repetición, merece ser observada seriamente. No puede normalizarse que alguien construya presencia mediática a partir del insulto, la amenaza y el escándalo permanente.
LOS SEÑALAMIENTOS MÁS DELICADOS
Pero hay un tema todavía más alarmante: los supuestos vínculos de Alfredo Adame con personas relacionadas con la delincuencia organizada.
Aclaro con toda responsabilidad: se trata de señalamientos que deberán investigarse y probarse. No estoy afirmando que exista una culpabilidad establecida. Sin embargo, según un trabajo periodístico publicado por la revista TVNotas y firmado por Laura Palmer, existiría una carpeta de investigación que contiene información sobre esos presuntos nexos.
El tema es demasiado grave como para reducirlo a un chisme de espectáculos. Si la carpeta existe y los datos publicados tienen sustento, las autoridades deben investigar hasta las últimas consecuencias. Y si los señalamientos son falsos, también deberá aclararse plenamente.
Durante años Alfredo Adame ha convertido la agresión en una especie de personaje público. Ha insultado, amenazado, provocado y después pretende presentarse como víctima cuando alguien acude ante la justicia.
Esta vez no se trata de una pelea televisiva ni de quién grita más fuerte frente a una cámara. Se trata de una mujer que está por cumplir 90 años y que merece vivir tranquila, sin ser utilizada como instrumento para atacar a su hijo.
Yo seguiré defendiendo a mi madre hasta donde sea necesario. Han pasado casi cinco años y no vamos a rendirnos cuando el proceso está cerca de concluir.
Alfredo Adame podrá insultarme todo lo que quiera. Estoy acostumbrado a enfrentarlo y sé perfectamente quién es. Pero con mi madre se equivocó.
Y se equivocó muy seriamente.