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agosto 23, 2026

Voces

Cancún, una tarea de todos

Cancún es una ciudad de oportunidades, de belleza natural y de comunidades que todos los días trabajan para salir adelante. Es también un destino reconocido internacionalmente y un hogar construido con el esfuerzo de miles de familias.

Pero caminar por sus colonias también permite reconocer una realidad que no debemos ignorar: el desarrollo y los servicios todavía no llegan de la misma manera a todos los rincones.

En algunos recorridos encontramos calles limpias, espacios recuperados y comunidades organizadas. En otros, persiste una preocupación que las familias expresan con frecuencia: basureros clandestinos, terrenos baldíos convertidos en depósitos de cacharros y zonas donde la acumulación de residuos afecta la imagen, la salud y la tranquilidad de quienes viven cerca.
Hablar de esta realidad no significa desconocer los esfuerzos que se realizan. Significa reconocer que todavía existen desigualdades que debemos atender entre autoridades y ciudadanía.

En México, cada persona genera, en promedio, 0.94 kilogramos de basura al día. Esto representa más de 120 mil toneladas diarias en todo el país. Solo una parte recibe el tratamiento adecuado; el resto puede terminar en tiraderos ilegales, barrancas, lotes abandonados o en las calles de nuestras colonias.

En Cancún, la dimensión del desafío también se mide en toneladas. De acuerdo con información del organismo Solución Integral de Residuos Sólidos Cancún, el Centro Intermunicipal de Manejo Integral de Residuos Sólidos recibe alrededor de mil toneladas de residuos diariamente. Esto equivale aproximadamente a 365 mil toneladas al año y permite comprender la enorme capacidad operativa que requiere mantener limpia una ciudad con una población creciente y una intensa actividad turística.

El problema va mucho más allá de la imagen urbana. Es también un asunto de salud pública.

Durante la temporada de lluvias, un colchón, una llanta, un refrigerador o cualquier recipiente abandonado puede acumular agua y convertirse en criadero de mosquitos. En esos espacios encuentran condiciones para propagarse enfermedades como el dengue, el zika y el chikungunya.

En 2024, la Organización Mundial de la Salud reportó un máximo histórico de más de 14.6 millones de casos de dengue y más de 12 mil muertes relacionadas en el mundo.

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En América Latina, hasta la semana epidemiológica 20 de 2026, se habían registrado más de 1.1 millones de casos sospechosos, aunque con una disminución importante respecto de 2025.

México ha reportado cientos de miles de casos en años recientes. Para un estado tropical como Quintana Roo, prevenir y eliminar los puntos de acumulación de residuos debe formar parte de una política permanente de protección a la salud.

Cada espacio que recuperamos representa un riesgo menos para una familia. Una calle limpia mejora el entorno, reduce posibles focos de infección, fortalece la convivencia y devuelve a las personas la confianza en su comunidad.
Por eso también es importante reconocer las bondades de la participación vecinal. Cuando una comunidad se organiza para limpiar un parque, reportar un tiradero o recuperar una calle, no solamente transforma un espacio: fortalece el tejido social y demuestra que el bienestar colectivo también se construye desde lo cotidiano.

La solución requiere una responsabilidad compartida.

A las autoridades les corresponde garantizar servicios eficientes de recolección, atender los reportes ciudadanos, fortalecer la vigilancia y mejorar la gestión integral de los residuos.

A la ciudadanía nos corresponde evitar que la vía pública se convierta en depósito de basura, separar los residuos, reducir el consumo de plásticos y denunciar los puntos de acumulación clandestina.

No se trata de señalar de manera generalizada ni de repartir culpas. Se trata de comprender que una ciudad con el crecimiento y la importancia de Cancún necesita respuestas coordinadas y servicios que avancen al mismo ritmo en todas sus colonias.

Porque una ciudad no puede medirse únicamente por la belleza de sus zonas turísticas. También debe mirarse desde las calles donde viven sus trabajadoras y trabajadores, desde sus parques, sus escuelas y los espacios donde juegan sus niñas y niños.

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Ahí es donde el desarrollo debe traducirse en bienestar.

No aspiramos solamente a una ciudad que se vea limpia. Queremos una ciudad saludable, ordenada y justa, en la que ninguna colonia se sienta olvidada y donde todas las familias puedan disfrutar de espacios públicos dignos.

Desde el Congreso debemos continuar impulsando leyes y políticas públicas que fortalezcan la gestión de los residuos, promuevan la educación ambiental y permitan sancionar a quienes dañen nuestro entorno.

Pero también debemos acompañar las acciones que ya están dando resultados y escuchar a las comunidades para identificar dónde hace falta reforzar la atención.
Esta semana podemos elegir una acción: organizar una jornada de limpieza con nuestros vecinos, reportar un basurero clandestino con fotografías y ubicación o comenzar a separar los residuos en casa.

Los grandes transformaciones también nacen de pequeñas decisiones compartidas.
Cancún tiene enormes bondades y una ciudadanía que sabe organizarse. Cuidar sus calles, reducir las desigualdades y recuperar sus espacios públicos es una manera de honrar la ciudad que tenemos y construir la ciudad que todas y todos merecemos.

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