Redacción / Grupo Cantón
Ciudad de México.- Al menos 1 de cada 2 usuarios de internet ha revisado o revisará sus mensajes personales o laborales desde una red abierta, pasando por alto el peligro que corre su información.
Conectarse al primer punto gratuito disponible para adelantar pendientes fuera de la oficina sin duda es muy cómodo, pero expone el equipo a terceros dentro del mismo radio de cobertura. De acuerdo con investigaciones de seguridad, 1 de cada 4 puntos de acceso públicos en el mundo carece de protecciones básicas de contraseña o cifrado, haciendo que los datos fluyan por un canal visible para cualquier intruso.
Es por ello que todas las firmas de seguridad advierten que el peligro principal radica en la ausencia de autenticación al establecer el enlace inalámbrico. Cuando abrimos nuestras cuentas en estas redes, arriesgamos la llave maestra de nuestra identidad digital, y esto es especialmente peligroso cuando los atacantes usan la bandeja de entrada para restablecer contraseñas bancarias y corporativas.
Es por ello que, para proteger la información confidencial en remoto, resulta indispensable gestionar las comunicaciones mediante un email seguro que aplique cifrado de extremo a extremo. De esta forma, los mensajes se protegen con claves criptográficas privadas que solo el destinatario puede abrir, impidiendo que un tercero lea el contenido aunque intercepte la señal.
El engaño del gemelo malvado y la intercepción silenciosa
Una de las trampas más frecuentes en estaciones y terminales es el ataque de Evil Twin. Aquí el ciberdelincuente crea un punto de acceso falso con un nombre idéntico al del local legítimo o fuerza la caída de nuestra conexión original mediante un ataque de desautenticación para que nos conectemos a su red trampa.
Incluso el FBI ha alertado que estos atacantes logran registrar certificados de seguridad válidos, mostrando el candado verde en el portal de inicio para engañar a los usuarios.
Al caer en esa red o compartir un router vulnerable, quedamos expuestos a los ataques de hombre en el medio, donde el intruso se interpone entre nuestro dispositivo y el servidor para copiar o modificar lo que enviamos. Si bien antes estas maniobras exigían conocimientos avanzados, hoy cualquier persona con una computadora y programas “sencillos” puede capturar paquetes de datos en minutos.
Además, mediante el secuestro de cookies de sesión conocido como sidejacking, el atacante toma el control de una cuenta abierta sin necesitar la contraseña.
El impacto en las empresas y las medidas para proteger el equipo
Las consecuencias de un descuido en una red pública suelen escalar hacia toda la empresa. De hecho, casi todos los ciberataques empiezan con correos de phishing.
Una conexión abierta sirve para inyectar malware si el equipo tiene activadas las carpetas compartidas o mediante falsas ventanas emergentes de actualización, conviviendo con el riesgo físico del shoulder surfing cuando alguien mira nuestra pantalla por encima del hombro en un lugar concurrido.
Para reducir esta exposición, antes de conectarse conviene activar una red privada virtual confiable que cifre el tráfico y oculte la dirección IP, descartando las opciones gratuitas.
También resulta clave habilitar la autenticación de múltiples factores y verificar que las páginas usen siempre el protocolo HTTPS, mientras desactivamos en el sistema tanto la conexión automática como el uso compartido de archivos.
Y por último, cuando sea necesario realizar trámites sensibles, lo más seguro es compartir los datos móviles del teléfono o apagar la conexión a internet si estamos trabajando únicamente con archivos en local.

