Carlos Martínez / Grupo Cantón
Arrecifes deteriorados, presión sobre el acuífero, erosión y sargazo plantean preguntas sobre la salud ambiental del Caribe mexicano.
Cancún.- El Caribe mexicano sigue vendiéndose como una postal perfecta. Agua turquesa, arena blanca y playas que reciben a millones de visitantes.
Sin embargo, debajo de esa imagen aparece otra realidad. Hay arrecifes deteriorados, coral muerto y costas que pierden arena.
También existen sistemas subterráneos expuestos a distintas fuentes de contaminación.
Durante décadas construimos hoteles sobre dunas. Alteramos manglares y corrientes. Además, descargamos aguas residuales en un territorio kárstico.
Después nos sorprendemos cuando el arrecife enferma. También cuando las playas pierden arena o el sargazo llega por toneladas.
Hay una pregunta que incomoda más que una playa llena de sargazo:
¿Qué tan sano está realmente el mar de Quintana Roo?
Desde la superficie, el Caribe mexicano sigue luciendo como una postal.
Agua turquesa, arena blanca y hoteles frente al mar. Millones de visitantes buscan esa misma fotografía.
El problema es que el mar no vive de fotografías.
Debajo de esa postal hay arrecifes deteriorados. Los sistemas subterráneos también son vulnerables a la contaminación.
Las playas enfrentan procesos de erosión. Además, los ecosistemas costeros han sido transformados durante décadas para dar paso al desarrollo turístico.
Por eso surge otra pregunta:
¿Estamos intentando limpiar las consecuencias de un problema que seguimos produciendo?
Del arrecife lleno de vida al coral blanco
Alfonso Arcos es pescador y socio de la Cooperativa Turística de Playa del Carmen.
Él recuerda un arrecife muy diferente al actual.
“Es mucha la diferencia del arrecife que existe en Playa del Carmen de ahora al de antes. Ahora solo hay coral blanco y algunos pastos marinos; antes estaba todo muy lleno de vida y biodiversidad”, relató.
Para el pescador, casi toda la zona marina frente a Playa del Carmen presenta un arrecife enfermo.
Sin embargo, señala una excepción. Se trata de Punta Venado.
En ese punto todavía observa un ecosistema marino con mejores condiciones de vida y conservación.
La explicación que plantea es sencilla. Ahí no existe la misma presión de hoteles instalados directamente sobre la costa.
Es decir, cuando dejamos una parte de la costa relativamente tranquila, la naturaleza todavía encuentra espacio para recuperarse.
Qué extraño.
El río que no vemos, pero termina en el mar
El problema tampoco comienza necesariamente en la playa.
Quintana Roo tiene un territorio kárstico. El agua circula por cuevas, cenotes y conductos subterráneos.
Por ello, una descarga o filtración tierra adentro puede terminar conectada con otros puntos del sistema.
Incluso puede alcanzar zonas costeras.
La vulnerabilidad del acuífero no es nueva. Estudios sobre el sistema kárstico de Cancún han documentado conexiones entre el subsuelo y manantiales submarinos.
Además, investigaciones y monitoreos recientes han alertado sobre contaminación en cuerpos de agua de Playa del Carmen.
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Guillermo D’Christy, científico hidrólogo e integrante de Sélvame MX, ha advertido sobre posibles filtraciones relacionadas con infraestructura sanitaria y aguas residuales.
En septiembre de 2026, D’Christy también señaló posibles filtraciones de contaminantes hacia el subsuelo.
Según su explicación, las características del suelo regional pueden facilitar ese proceso.
La interconexión del acuífero también podría permitir el desplazamiento de contaminantes hacia otros puntos. Incluso podrían llegar a la zona costera.
Estos señalamientos requieren comprobación técnica en cada caso.
El resultado puede parecer una enorme tubería natural. No siempre vemos dónde entra la contaminación.
Sin embargo, puede terminar donde menos queremos encontrarla.
En Playa del Carmen, monitoreos citados por especialistas y organizaciones ambientales han reportado contaminación en numerosos cuerpos de agua urbanos.
El problema tampoco sería exclusivo de Playa del Carmen. También existen preocupaciones sobre Cozumel y Tulum.
Mientras tanto, seguimos construyendo.
Porque aparentemente al agua subterránea nadie le avisó que también debía crecer al ritmo de la industria turística.
La costa también está pagando la factura
Vladimir Caballero Camejo es ingeniero hidrógrafo y oceanógrafo cubano.
Ha participado en trabajos relacionados con la dinámica y erosión de las costas del Caribe mexicano.
En Playa del Carmen se ha planteado realizar estudios sobre la línea costera.
El objetivo sería desarrollar estrategias integrales para recuperar las playas.
Caballero Camejo ha señalado varios factores detrás de la erosión.
Entre ellos están el aumento del nivel del mar y el déficit en el aporte de arena.
También menciona un manejo inadecuado de los recursos naturales.
En las costas urbanizadas existe otro problema. La destrucción o modificación de dunas, manglares y bancos de arena puede alterar la dinámica natural del litoral.
Algunas obras de infraestructura también pueden generar efectos sobre estos procesos.
Y aquí aparece otra ironía del desarrollo turístico:
construimos para acercarnos al mar y terminamos alterando aquello que hacía posible tener una playa.
La naturaleza, al parecer, está presentando la factura de nuestras decisiones de ingeniería.
¿Y el sargazo?
Entonces aparece el famoso villano de todos los veranos.
El sargazo.
Lo fotografiamos, retiramos, enterramos, cargamos y trasladamos.
También lo contabilizamos como si el problema hubiera aparecido de la nada.
Pero el fenómeno es mucho más complejo.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha señalado que el incremento del sargazo todavía no tiene una causa única comprobada.
Entre las hipótesis están el aumento de la temperatura del océano, el cambio climático y una mayor disponibilidad de nutrientes en el mar.
El Gobierno de México informó el 30 de julio de 2026 que durante 2025 recolectó 92 mil 782 toneladas de sargazo en Quintana Roo.
Para ese momento, la cifra de 2026 ya alcanzaba 96 mil 151 toneladas.
El gobierno federal señaló que ambos años registraban los mayores niveles históricos de recolección en Quintana Roo.
Además, anunció una inversión prospectiva de 2 mil 635.6 millones de pesos.
Los recursos contemplan nuevos buques, barreras, sistemas de monitoreo y otras acciones contra el fenómeno.
Y aquí aparece otra pregunta incómoda:
¿Qué estamos haciendo para que el mar deje de necesitar que lo limpiemos?
“El mar busca sanarse a sí mismo”
Roberto Rojo, director de Cenotes Urbanos, plantea una lectura distinta del fenómeno.
Explica que el sargazo es una macroalga marina.
Además, considera que su proliferación debe observarse dentro del contexto de las alteraciones que enfrenta el ecosistema.
Su interpretación es contundente:
“El mar solo busca sanarse a sí mismo”.
La ciencia obliga a ser cuidadosos.
No puede afirmarse que la contaminación local sea la causa única del crecimiento del sargazo.
Las autoridades federales reconocen que se trata de un fenómeno oceánico complejo.
También señalan que continúan los estudios científicos para determinar las causas de su incremento.
Pero tampoco podemos usar esa complejidad como excusa para ignorar nuestros propios impactos.
Una cosa es reconocer que el sargazo tiene causas regionales y oceánicas.
Otra muy distinta es pensar que la contaminación del agua no importa.
Tampoco podemos ignorar la destrucción de ecosistemas costeros o el crecimiento urbano.
El paraíso también tiene drenaje
La historia resulta casi absurda.
Vendemos Quintana Roo como uno de los grandes paraísos naturales del planeta.
Al mismo tiempo, destruimos dunas para construir.
También modificamos manglares y alteramos la dinámica de las playas.
Ejercemos presión sobre el acuífero y generamos aguas residuales.
Además, degradamos arrecifes y modificamos la costa.
Después destinamos recursos públicos para enfrentar las consecuencias.
El Gobierno de Quintana Roo informó que durante la actual administración estatal se han destinado más de 770 millones de pesos a la atención integral del sargazo.
Por su parte, el Gobierno federal anunció una estrategia reforzada para Cancún, Playa del Carmen, Puerto Morelos, Tulum y Mahahual.
Y sí: recoger el sargazo es necesario.
Pero recogerlo no equivale a recuperar el mar.
Una playa limpia puede seguir teniendo un arrecife enfermo.
Una fotografía de agua turquesa no garantiza un acuífero sano.
Tampoco una playa apta para uso recreativo significa que todo el ecosistema esté saludable.
En julio de 2026, Cofepris informó que 284 de 289 playas evaluadas fueron consideradas aptas para uso recreativo.
El dato corresponde a criterios sanitarios. El monitoreo evaluó la calidad microbiológica del agua y el riesgo para actividades recreativas de contacto primario.
Eso mide una cosa: el riesgo sanitario para quienes utilizan esas playas.
No mide toda la salud ecológica del arrecife, el acuífero, los manglares o los ecosistemas costeros.
¿Cuánto más puede aguantar el Caribe?
La pregunta ya no debería ser solo cuántas toneladas de sargazo llegaron hoy.
Tampoco debería limitarse a saber cuántos camiones retiraron el alga de una playa.
La discusión tendría que ser mucho más profunda.
¿Y qué estamos dejando para las siguientes generaciones?
Porque el verdadero problema no es que el Caribe mexicano deje de parecer una postal.
El problema sería que algún día la postal siga siendo perfecta.
Mientras tanto, el ecosistema que aparece debajo de ella podría haber desaparecido.
El verdadero lujo de Quintana Roo no son sus hoteles.