Ángel Canul / Grupo Cantón
Apicultores de Lázaro Cárdenas enfrentan bajos precios, altos costos de producción y competencia desleal, por lo que buscan fortalecer la organización del sector.
Lázaro Cárdenas.- La apicultura, una actividad que durante décadas representó una fuente de sustento para cientos de familias rurales y un elemento fundamental para la conservación ambiental, atraviesa uno de sus momentos más complicados en el municipio de Lázaro Cárdenas.
La caída en el precio de la miel, el aumento de los costos de producción, la falta de organización entre productores y la competencia de productos adulterados han provocado que varios apicultores abandonen paulatinamente esta actividad.
Así lo señaló el productor apícola del ejido de Kantunilkín, Juan Castro Loría, quien consideró que el sector requiere una transformación profunda para recuperar su rentabilidad y garantizar su permanencia en las comunidades rurales.
Explicó que la apicultura representa mucho más que la producción de miel, ya que cumple una función estratégica para el equilibrio ambiental debido al papel de las abejas en la polinización.
“Sin polinización no habrá alimentos”, resumió el productor, al destacar que las abejas permiten la reproducción de una gran cantidad de cultivos agrícolas, por lo que proteger esta actividad significa también proteger la producción alimentaria.
Además, señaló que la apicultura es una de las pocas actividades productivas que prácticamente no generan impactos negativos al medio ambiente, convirtiéndose en una alternativa sostenible para las comunidades rurales.
Recordó que hace algunas décadas los campesinos producían maíz, frijol y calabaza para el autoconsumo, mientras que la miel representaba un ingreso adicional que fortalecía la economía familiar.
Sin embargo, diversos factores modificaron ese panorama.
La africanización de las abejas complicó el manejo de los apiarios y provocó que numerosos productores abandonaran la actividad.
Aunque posteriormente comenzaron a establecerse criaderos de abejas reina para mejorar la genética y facilitar el manejo de las colonias, los problemas económicos se convirtieron en el principal obstáculo.
Actualmente, afirmó, la preocupación principal ya no es producir miel, sino encontrar mercados que paguen un precio justo.
Falta organización y valor agregado
Castro Loría consideró que uno de los errores históricos del sector ha sido limitarse únicamente a la producción.
Explicó que la mayoría de los apicultores vende su cosecha inmediatamente después de extraerla, sin desarrollar procesos de transformación, envasado, comercialización o posicionamiento de marca que permitan obtener mayores ingresos.
Por ello, insistió en la necesidad de fortalecer la organización de los productores para construir una verdadera cadena de valor.
Aunque existen cooperativas y sociedades de producción rural, señaló que todavía son esfuerzos aislados que no han logrado consolidar un modelo regional capaz de negociar mejores condiciones comerciales.
“La organización no debe quedarse únicamente en producir; debe permitir abrir mercados, mejorar la comercialización y generar mayores beneficios para todos”, sostuvo.
Precio de la miel afecta a productores
El productor señaló que las instituciones también tienen una responsabilidad importante en el fortalecimiento del sector.
Consideró indispensable que organismos como el Comité Estatal de Fomento y Protección Pecuaria continúen reforzando los programas relacionados con la sanidad e inocuidad de la producción, debido a que estos aspectos son fundamentales para competir en mercados nacionales e internacionales.
Asimismo, planteó que las dependencias gubernamentales deben facilitar la organización de productores, impulsar la capacitación y abrir canales para que la miel quintanarroense tenga mayor presencia en los mercados locales y estatales.
Explicó que desde hace aproximadamente tres años el precio de la miel cayó de manera considerable y actualmente oscila entre 32 y 35 pesos por kilogramo, cantidad que resulta insuficiente para cubrir los costos de producción.
Mientras tanto, los insumos continúan incrementándose.
Una hoja de cera utilizada en cada colmena tiene un costo de entre 18 y 20 pesos, además de los gastos por equipos de protección, herramientas, mantenimiento de apiarios, alimentación suplementaria cuando es necesaria y transporte.
Con estos costos, reconoció, la actividad deja márgenes mínimos de ganancia y desmotiva la incorporación de nuevas generaciones.
“Se necesita verdadera pasión para dedicarse a esta actividad”, comentó, al señalar que trabajar con abejas implica esfuerzo, riesgos y capacitación constante.
Miel adulterada afecta al mercado
A los problemas económicos se suma otro desafío: la competencia de productos comercializados como miel sin ser completamente naturales.
Castro Loría explicó que en el mercado existen mezclas elaboradas con jarabes, muchas de ellas provenientes del extranjero, que afectan la percepción del consumidor y reducen el valor de la miel pura.
Por ello, consideró urgente que las autoridades establezcan mecanismos de regulación que permitan diferenciar claramente la miel natural de los productos adulterados.
“El consumidor debe saber cuándo compra miel cien por ciento natural y cuándo está adquiriendo un jarabe”, afirmó.
Actualmente, estima que en el municipio de Lázaro Cárdenas existen más de 250 apicultores.
Sin embargo, una parte importante de la producción termina comercializándose mediante intermediarios establecidos en Yucatán, por lo que la miel deja de registrarse estadísticamente como producción de Quintana Roo.
Aunque reconoció la importancia de contar con cifras precisas, insistió en que la prioridad debe ser recuperar el valor comercial del producto y posicionarlo directamente en los mercados regionales.
Finalmente, destacó que la apicultura aún tiene un amplio potencial de desarrollo, siempre que productores y autoridades trabajen de manera coordinada.
Fortalecer la organización, mejorar la calidad, agregar valor al producto, abrir nuevos mercados y proteger la miel natural frente a la competencia desleal son acciones necesarias para rescatar una actividad que no solo genera ingresos para cientos de familias, sino que también contribuye a la conservación de los ecosistemas y a la producción de alimentos.
El reto, concluyó, no consiste únicamente en producir más miel, sino en construir un sector competitivo que garantice un futuro para las nuevas generaciones de apicultores de Lázaro Cárdenas.