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septiembre 09, 2026

Tradiciones de Quintana Roo que están dejando de transmitirse

Cultura

Tradiciones de Quintana Roo que están dejando de transmitirse

Jocelyn Díaz / Grupo Cantón 

Las nuevas formas de entretenimiento y convivencia transforman las costumbres, pero el reto está en transmitir las tradiciones a las nuevas generaciones.

Cancún.- En Quintana Roo hay tradiciones que no desaparecen de un día para otro. Poco a poco se quedan en las casas de los abuelos y en la memoria de quienes crecieron jugando en la calle.

También sobreviven en las recetas que ya casi nadie prepara. Están presentes en aquellas costumbres que antes reunían a familias y vecinos.

Hoy, esas prácticas compiten con nuevas formas de entretenimiento, consumo y convivencia.

La cuestión no es solo qué tradiciones dejamos atrás. También debemos preguntarnos si hemos dejado de transmitirlas y de darles valor en la vida cotidiana.

Esto puede ocurrir por la rapidez con la que vivimos. También influyen el uso excesivo de la tecnología y la falta de interés de las nuevas generaciones.

A estos factores se suman los cambios en las ciudades, la percepción de seguridad y los horarios laborales de los padres.

También pesan la organización familiar y la transformación de los espacios públicos.

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Quintana Roo es un territorio interesante para observar este fenómeno. Es uno de los estados más jóvenes del país.

Su identidad se ha construido con comunidades mayas, personas de distintas regiones de México, migrantes y una fuerte actividad turística.

El patrimonio cultural quintanarroense sigue vivo en las comunidades. También está presente en sus saberes, celebraciones y formas de transmitir conocimientos.

Pero para que una tradición sobreviva no basta con recordarla. Hay que practicarla y enseñarla.

Cuando una tarde se llenaba de juegos

Hubo un tiempo en que una tarde podía comenzar con niños jugando lotería, trompo, balero, canicas, escondidas, quemados o kimbomba en la península.

La calle, el parque o el patio eran espacios de encuentro. Los niños aprendían esos juegos de otros pequeños, pero también de sus padres, abuelos y vecinos.

Cada generación recibía una parte de ese conocimiento. Después, la incorporaba a su propia vida.

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Ahora, los videojuegos y otras formas de entretenimiento han ganado terreno. También han cambiado la manera en que niñas, niños y jóvenes ocupan su tiempo libre.

No se trata de satanizar la tecnología. Tampoco de pedir que las nuevas generaciones regresen a una época que ya no existe.

El verdadero reto es evitar que una forma de entretenimiento sustituya por completo a otra.

Si eso ocurre, también puede romperse la transmisión de una tradición.

Porque cuando una práctica deja de hacerse, también deja de enseñarse.

Cuando una serenata era una declaración de amor

Las serenatas forman parte de una memoria romántica y mexicana. Una guitarra, un mariachi, una canción dedicada y una ventana podían convertirse en protagonistas de una noche.

Cumpleaños, aniversarios, enamoramientos y reconciliaciones encontraban en la música una forma de expresión.

También bastaba el deseo de decirle a alguien: “te quiero”.

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En ciudades como Cancún conviven habitantes procedentes de prácticamente todo México.

Por ello, el mariachi todavía tiene presencia en restaurantes, fiestas y celebraciones.

Sin embargo, cada vez es menos común verlo en aquella serenata nocturna que llegaba para conquistar a alguien.

Tal vez hemos cambiado la forma de decir lo que sentimos. Eso no significa que debamos olvidar las expresiones que alguna vez fueron parte de nuestra identidad.

Las casas decoradas también contaban historias

Las fiestas patrias, las posadas, el Día de Muertos y la Navidad transformaban las casas. Las llenaban de luces, papel picado, catrinas, banderas tricolores y adornos hechos a mano.

Preparar la casa también formaba parte de la celebración. La familia se reunía para decidir qué colocar y elaborar algunos adornos.

Así, los espacios cotidianos cambiaban por unos días. Además, el trabajo colectivo fortalecía la convivencia familiar.

Hoy existe una gran oferta de decoración prefabricada. También hay tendencias internacionales y productos disponibles de inmediato.

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La practicidad ha sustituido, en muchos casos, al trabajo colectivo. Con ello, no solo puede desaparecer la tradición de adornar.

También puede perderse el momento de unión familiar que existía alrededor de esa actividad.

La verbena y el valor de estar juntos

En Quintana Roo todavía existen numerosas fiestas y celebraciones comunitarias. Distintas instituciones culturales trabajan para preservarlas y transmitirlas.

Entre ellas están la Noche Mexicana, el Hanal Pixán o Día de Muertos y el Carnaval.

Sin embargo, algunas costumbres han perdido presencia. Un ejemplo son las posadas.

Cada vez son menos las familias que recorren las calles con los peregrinos. También disminuyen quienes se dividen en casas para cantar y pedir posada.

Después, los participantes solían reunirse para romper la piñata. Esa actividad formaba parte de una convivencia que hoy tiene menos presencia en algunas familias.

En las comunidades mayas todavía existen esfuerzos importantes para defender y transmitir sus tradiciones.

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Durante el Día de Muertos, por ejemplo, se colocan hermosos altares. En ellos aparecen los elementos propios de esta celebración.

También existen prácticas que han perdido presencia. Entre ellas están las ceremonias tradicionales para pedir lluvia, como el Ch’a Cháak, y aquellas destinadas a agradecer por las cosechas.

Cuando estas ceremonias dejan de practicarse, también dejan de transmitirse a los jóvenes. Con ello no solo desaparece una actividad.

También se pierde una parte de la memoria. Además, se debilita la relación que una comunidad construyó con su territorio.

El reto: no conservar las tradiciones, sino darle futuro

Quizá el verdadero desafío no sea pedir a las nuevas generaciones que vivan como lo hicieron sus abuelos.

El reto consiste en evitar que el cambio deje en el olvido aquellas tradiciones que todavía pueden tener un significado en nuestra vida.

Se trata de convivir con el presente sin romper el vínculo con el pasado.

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Un joven puede disfrutar los videojuegos y también aprender a jugar trompo, yoyó o kimbomba.

De la misma forma, quien disfruta de la comida gourmetizada puede conocer los platillos de la cocina tradicional mexicana.

Incluso puede aprender a preparar alguno. Así, una costumbre puede adaptarse a los nuevos tiempos sin desaparecer.

Algo similar ocurre con las celebraciones. Quienes disfrutan Halloween también pueden conocer el significado del Día de Muertos.

Además, pueden colocar un altar para recordar a sus seres queridos que se adelantaron en el camino.

No se trata de elegir entre pasado y presente.

Se trata de poder vivir en una ciudad moderna sin perder el vínculo con las historias de quienes llegaron antes.

Porque una tradición que no se transmite termina convertida en recuerdo.

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En cambio, una tradición que vuelve a practicarse puede convertirse otra vez en parte de nuestra vida.

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