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agosto 11, 2026

Cultura

Danzas negras exploran memoria, resistencia y futuro

Jocelyn Díaz / Grupo Cantón 

Artistas y especialistas de Venezuela, Brasil, Cuba y México dialogaron en Cancún sobre la memoria, resistencia y futuro de las danzas de raíz africana.

Cancun.- Las culturas afro recuerdan que el tiempo también puede volver sobre sus propios pasos, recuperar la memoria y regresar al origen para transformarse. Bajo esta mirada se desarrolló en Cancún la mesa de diálogo “Resistencia y persistencia”, como parte del Coloquio Danzas Negras, Subjetividades y Afrofuturismo, realizado dentro del 2.º Festival Danzas Negras: Reflexiones Afrocaribeñas.

El encuentro tuvo como escenario el Teatro 8 de Octubre, donde distintas voces de América Latina compartieron experiencias, historias y reflexiones alrededor de las danzas de matriz negra, su permanencia a través del tiempo y los desafíos que enfrentan para continuar ocupando espacios de visibilidad y reconocimiento.

Voces de América Latina dialogan sobre la danza

La conversación fue moderada por el Dr. Alonso Alarcón Múgica, Coordinador Nacional de Danza del INBAL, y reunió a Greissy Vecchionacce, de Venezuela; Peter Levi, de Brasil; Greys Rosales y Lázaro Batista, de Cuba; Irma Álvarez, de Quintana Roo, México, y Abraham Santiago, de Oaxaca, México.

Desde diferentes territorios y experiencias, los participantes pusieron sobre la mesa la manera en que la danza conserva memorias, identidades y formas de resistencia, al mismo tiempo que se transforma para dialogar con el presente y proyectarse hacia el futuro.

Las reflexiones permitieron reconocer las múltiples formas en que las expresiones dancísticas de raíz africana han permanecido vivas a través de generaciones, adaptándose a nuevos contextos sin perder el vínculo con sus historias y comunidades de origen.

Una memoria que continúa transformándose

El diálogo también planteó la importancia de generar espacios donde estas expresiones puedan ser compartidas y reconocidas desde sus propias perspectivas, evitando que su historia y significado sean reducidos a una representación superficial.

El intercambio concluyó convertido en una especie de “conjuro colectivo”, en el que las voces participantes sumaron deseos y voluntades para continuar construyendo espacios donde las danzas de matriz negra puedan ser compartidas, reconocidas y vividas desde sus propias historias y perspectivas.

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Así, el encuentro reafirmó a la danza como una forma de memoria viva, capaz de conectar pasado, presente y futuro a través del cuerpo, la identidad y la resistencia cultural.

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