Jocelyn Díaz / Grupo Cantón
La puesta en escena de Conejillos de Indias Teatro reunió a más de mil espectadores durante sus tres funciones en el Teatro de la Ciudad.
Cancún, Quintana Roo.— El Teatro de la Ciudad recibió Algodón de Azúcar, obra de Conejillos de Indias Teatro.
La puesta en escena llegó a Cancún después de seis temporadas con localidades agotadas en Ciudad de México.
Además, durante sus tres funciones logró una respuesta favorable del público local.
Más de mil personas disfrutaron esta experiencia escénica. La obra construye un universo donde los recuerdos, la locura y una feria abandonada se mezclan para abordar un tema sensible.
La propuesta conmueve e incomoda. También invita al espectador a mirar de frente situaciones que permanecen detrás del ruido, el juego y una estética festiva.
Una propuesta visual que mezcla belleza y oscuridad
Uno de los principales aciertos de Algodón de Azúcar está en su lenguaje visual. El trabajo actoral también aporta fuerza al montaje.
La iluminación, el maquillaje y la escenografía acompañan al elenco. Todos estos elementos se integran bajo la dirección y dramaturgia de Gabriela Ochoa.
La directora explicó que la estética forma parte de un proceso creativo. Este camino ha acompañado su trayectoria artística y ahora alcanza una nueva etapa con la obra.
“Desde la dramaturgia la obra es muy oscura. Propone estos payasos que no son lindos, sino un poco temibles”, compartió Ochoa.
También señaló que la máscara ocupa un lugar importante en su formación artística. En esta obra, ese elemento adquiere una nueva dimensión.
Durante dos décadas, Ochoa ha explorado recursos oníricos y surrealistas. En Algodón de Azúcar, ambos encuentran una forma distinta de llegar al escenario.
Por ello, la estética no funciona solo como decoración. Los payasos, las máscaras, el color y la feria construyen un lenguaje propio.
El público pasa así de la fascinación a la incomodidad. También recorre un camino entre la belleza y el desconcierto.
Una feria que esconde una historia inquietante
La escena invita al juego en un primer momento. Sin embargo, poco a poco revela un trasfondo mucho más oscuro.
Lo onírico y lo surrealista permiten hablar de una realidad que continúa presente. La historia la muestra detrás de una apariencia dulce.
Ahí cobra fuerza el título de la obra. El algodón de azúcar puede parecer colorido, atractivo y dulce.
Sin embargo, la historia guarda un sabor amargo. Esa sensación permanece en la memoria incluso después de caer el telón.
El montaje no ofrece respuestas sencillas. En cambio, busca provocar sensaciones y despertar preguntas.
Así, cada espectador puede construir su propia interpretación de lo que ocurre dentro de esta feria abandonada.
La experiencia resulta visual y emocional. El elenco sostiene con intensidad este complejo universo escénico.
Un elenco que lleva la historia al escenario
La presentación en Cancún reunió a Gabriela Ochoa, Francisco Mena, Romina Coccio, Carolina Garibay, Miguel Romero, Félix Arroyo, Ángel Ancona, Paco Castañeda, Genaro Ochoa, Giselle Sandiel, Maricela Estrada, Azael Sáenz, Cristian Josafat, Felipe Lara, Paco Argumosa, Raúl Morquecho, Gilberto Soberanes, Cecille Zepol, Adriana Hohman e Iván Ontiveros.
Cada integrante aportó a la construcción del universo de la obra. Personajes, máscaras y espacio escénico forman una misma experiencia.
Además, Algodón de Azúcar cuenta con reconocimiento en México y España. Su llegada a Cancún refuerza la importancia de abrir espacios a nuevas propuestas teatrales.
Para el público local, las funciones representaron una oportunidad para conocer una producción que ya recorrió otros escenarios.
El Teatro de la Ciudad apuesta por nuevas propuestas
Conejillos de Indias Teatro llegó a Cancún con el respaldo del Instituto de la Cultura y las Artes de Benito Juárez, encabezado por Carlos López Jiménez.
La presentación formó parte de una programación que busca acercar distintas propuestas al público.
Además, el Teatro de la Ciudad mantiene su papel como punto de encuentro para las artes escénicas.
Con más de mil espectadores en tres funciones, Algodón de Azúcar dejó algo más que una experiencia teatral.
Dejó imágenes, preguntas y una sensación difícil de sacudir.
Porque detrás de los colores, los personajes y la apariencia de feria, la obra recuerda que algunas historias necesitan una mirada distinta para poder ser vistas.
