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junio 10, 2026

Voces

La verdadera fiesta esta afuera

Qué lejos está el entusiasmo y la participación mundialista de México 86, la última ocasión en que el país fue anfitrión de una Copa del Mundo de futbol.

La FIFA ha convertido al balompié en uno de los negocios más rentables del planeta bajo la apariencia de una celebración deportiva universal, dejando muy atrás el espíritu de la cascarita de barrio que terminó privatizada.

Si bien no es nuevo que los gobiernos anfitriones destinen millones de recursos a infraestructura, seguridad y servicios públicos para cumplir con las exigencias del organismo rector del futbol mundial, el reparto de las ganancias queda concentrado en un núcleo reducido, que incluye a la propia Federación de Futbol.

A ello se suman las infinitas restricciones para publicar, mencionar, difundir o transmitir cualquier contenido relacionado con el evento sin autorización o pago previo, bajo amenaza de sanciones millonarias. Todo ello ha ido restándole sentido a la convivencia que tradicionalmente acompañaba a la fiesta futbolera.

Al país anfitrión se le limita vivir la fiesta del balón.

Los boletos son inaccesibles, los precios se disparan y, para colmo, los aficionados terminan sometidos a reglas que privilegian intereses privados por encima del bienestar colectivo.

Ni siquiera en casa se está exento de pagar si se quiere formar parte de la celebración.

Los mexicanos no son invitados al Mundial; pareciera que fueron invitados a esconderse en su propio país.

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Mientras tanto, la verdadera fiesta está afuera. Ahí está la inconformidad por el fallo favorable a la FIFA que suspendió las medidas que permitían a propietarios de palcos y plateas ingresar alimentos y vehículos al Estadio Azteca, así como las advertencias de posibles afectaciones durante el partido inaugural.

También están las protestas de la CNTE en la Ciudad de México, con bloqueos, campamentos y una presión política constante, al grado de que la presidenta Claudia Sheinbaum puso en duda su asistencia al Fan Fest del Zócalo.

A ello se suman las manifestaciones de familiares de personas desaparecidas, pensionados de Pemex, organizaciones de transportistas y grupos campesinos que mantienen diversos reclamos en distintos puntos del país.

Insisto, no es que hace 40 años no existieran conflictos o problemas. Lo que cambió fue la tecnología y la comercialización extrema, que terminaron por arrebatar espacios de convivencia y convertirlos en un negocio cada vez más excluyente.

La multa que mata la fiesta. Un Mundial que, al menos para muchos, ya no es para todos.

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