El reguetón nació en Puerto Rico en los años ochenta y desde entonces se ha colocado como una tendencia mundial: ha dejado de ser un ritmo exclusivamente latino, para pasar a formar parte de la cultura popular global.
Mucho se ha escrito sobre el carácter misógino de sus letras y sus bailes explícitamente sexuales (perreo). En una investigación hecha por Diez-Gutiérrez y Muñiz-Cortijo encontraron que las canciones de reguetón tratan a las mujeres como objetos, ni siquiera les dan nombres y se dirigen a ellas según sus características físicas. Así, les llaman “culos” “tetas” “nalgas”.
De igual manera dividen a las mujeres en dos grupos: las esposas o potenciales esposas y las zorras. Las primeras son dignas de respeto, las segundas son intercambiables, usables y con posibilidades de ejercer violencia sobre ellas. Entre comillas frases de canciones de reguetón citadas por los autores en el artículo ¿Educa el reguetón en la desigualdad? : unas que “son otra cosa”, las que “hay que tener como esposa”: “oye, no hay ni qué decirlo, mami, tú eres otra cosa. Las mujeres como tú son las que hay que tener de esposa…” y en el otro extremo están las mujeres fáciles “la dejaste sola mi pana, te lo dije que por andar con zorras…” “bebiendo jodiendo en un club y en hoteles rompiendo colchones… aquí todos estamos casados, pero en secreto tenemos mujerones”.
Aquéllas que “andan sueltas” son clasificadas como “putas”, a disposición de los hombres: “tú andas suelta, finísima, riquísima soltera, solicitada y pa’ colmo, putísima”; “má’ puta que Betty Boop… Este año no quiero putilla”.
Al tiempo que se ve a las mujeres como objeto sexual, se exalta la sexualidad casi bestial de los hombres, que es capaz de encender la pasión de cualquier mujer, en una fantasía sexual que remite a las imágenes de la pornografía: “que lo tengo grande… súbete en el palo, ven, lúcete, no me hagas perder el tiempo… te lo pongo en la boca y después te lo voy a meter… Yo te exploto la tráquea…”; “la toco rápido… Se lo entro rápido, y se lo saco rápido”.
Los mensajes explícitos del reguetón dan cuenta de la hipersexualización en la que el control y el poder es masculino y la libertad sexual de las mujeres se convierte en estigma y desprecio. A una mujer sexualmente libre, no se considera -según el reguetón- una mujer empoderada, sino sometida a sus instintos y dependiente del hombre.
Conclusión: el reguetón es misógino, patriarcal y falocéntrico como un reflejo de la sociedad que lo crea y reproduce y convierte la libertad sexual de las mujeres en objeto de burlas y subordinación.
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