Posterior a la pandemia, una de la crisis más severa que se ha afrontado en el nuevo siglo; las necesidades cambiaron y la manera de comunicar evolucionó.
Y por ello quien pretenda hacer camino político olvidando las nuevas conductas está equivocando la estrategia.
No se puede transitar pisando sobre los estragos que aún están en recuperación con tal de obtener intereses ambiciosos y mezquinos, es jugar con fuego.
Por momentos se torna difícil separar la política con las situaciones que la sociedad adolece, incluso de ello se trata de proporcionar desde las políticas públicas y recursos, soluciones reales, pero con claridad, ya no es tan fácil engañar a un elector.
Ya no basta con caricias fotografiadas y se les olvide a los aspirantes y suspirantes que, a final de cuentas, la gente pertenece a todos los partidos políticos, porque nada hay seguro para nadie, hasta el último segundo cuando se está a solas en la urna.
Gobernar es escuchar, ordenar y contemplar las distintas opiniones, liderar bajo la visión de un trabajo en conjunto, no con mesianismos fortuitos y esto está más que comprobado con quien tiene las riendas del Estado, la gobernadora Mara Lezama, que no ha perdido el tiempo en grillas dejando atrás a varios que no entienden ni entenderán el mensaje de avance.
Los quehaceres políticos son interminables y las campañas no alcanzan para convencer, por ello tienen prisa de levantar la mano y hacerse notar.
Pero en este 2026 no hay tesis hecha para lo venidero en cuanto a política y servicio público se refiere.
A todos aquellos que vislumbran un área de oportunidad –escuchen- no se ensordezcan con la ambición de poder, vean a través de la experiencia de quien lidera esta región, porque efectivamente lo fructífero vendrá de la eficiencia y capacidad no solo de hacerse notar sino de solucionar y contribuir; no es con chismes ni advertencias, mucho menos con poses cuidadas y lazos familiares, es con trabajo real sin tanto ruido y con muchas nueces.
Aun están a tiempo.

