Durante más de cinco décadas, Cancún ha sido presentado al mundo como un destino turístico extraordinario. Y lo sigue siendo. Pero esa definición ya no alcanza para explicar lo que representa hoy. Cancún es mucho más que un destino: es una ciudad global que debe innovar constantemente su forma de administrar derivado del crecimiento exponencial que tiene.
Los números ayudan a entender su dimensión. Benito Juárez pasó de 661 mil habitantes en 2010 a 911 mil en 2020, y las proyecciones oficiales estiman que en 2025 ya supera 1 millón 26 mil habitantes. Al mismo tiempo, el Aeropuerto Internacional de Cancún movilizó durante 2025 alrededor de 29.3 millones de pasajeros, de los cuales casi 19.5 millones fueron internacionales. A ello se suma que Quintana Roo genera un Producto Interno Bruto superior a 512 mil millones de pesos, donde aproximadamente 72.5% de la actividad económica depende del turismo, los servicios y el comercio.
Muy pocas ciudades en México tienen una responsabilidad económica y social de esta magnitud. Precisamente por ello, Cancún ya no puede analizar sus desafíos de manera aislada.
La movilidad no es únicamente un asunto de vialidades. Determina la productividad de las empresas, el tiempo que una familia convive, el consumo de combustible, la contaminación y hasta la salud mental de quienes pasan buena parte del día trasladándose. En esa ruta, Quintana Roo ya comenzó una transformación con MOBI, el nuevo sistema de movilidad impulsado por la gobernadora Mara Lezama para modernizar el transporte público y mejorar la conectividad. El siguiente paso consiste en consolidar ese esfuerzo integrando la movilidad con la planeación urbana, acercando vivienda, empleo y servicios, incorporando tecnología para optimizar la circulación y reduciendo progresivamente los tiempos de traslado que hoy impactan la productividad y la calidad de vida.
La vivienda tampoco es solamente un tema inmobiliario. Define dónde viven miles de trabajadores, cuánto gastan para llegar a su empleo, qué oportunidades tienen sus hijos y cómo crece la ciudad.
La seguridad dejó hace tiempo de depender exclusivamente del número de patrullas. Hoy se trabaja en prevención, tecnología, coordinación entre los tres órdenes de gobierno y una ciudadanía que participe activamente.
Y el turismo tampoco puede entenderse únicamente como una industria. Hoy depende de una ciudad que funcione: agua suficiente, movilidad eficiente, servicios públicos de calidad, seguridad, orden urbano, infraestructura moderna, certeza jurídica y calidad de vida para quienes aquí viven.
Por ello resulta relevante la visión impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum mediante el Plan México, que plantea fortalecer la infraestructura, la productividad y las capacidades institucionales como base para un crecimiento con bienestar. En Quintana Roo, la gobernadora Mara Lezama ha acompañado esa ruta impulsando inversiones estratégicas, fortaleciendo la seguridad, ampliando la infraestructura social y promoviendo un desarrollo donde el éxito económico también se traduzca en bienestar para las familias.
El siguiente desafío consiste en convertir ese crecimiento en una ventaja competitiva permanente.
¿Cómo lograrlo?
Primero, consolidando la transformación de la movilidad. Hoy el recorrido promedio al trabajo en Benito Juárez es de 38.4 minutos por trayecto. Si la ciudad lograra reducir apenas 10 minutos diarios mediante una mejor integración del transporte, infraestructura inteligente y planeación urbana, podrían recuperarse más de 40 millones de horas al año, con un beneficio social estimado superior a 2 mil millones de pesos anuales, además de reducir el consumo de combustible, disminuir emisiones y devolver tiempo de calidad a miles de familias.
Segundo, digitalizando completamente los principales trámites municipales. Reducir tiempos para abrir un negocio, obtener una licencia de funcionamiento, un permiso de construcción o realizar gestiones administrativas significa menos costos para ciudadanos y empresas, mayor transparencia, menor discrecionalidad y mejores condiciones para atraer inversión y generar empleo.
Tercero, planificando el crecimiento urbano de manera integral. Acercar vivienda, empleo, transporte, escuelas y servicios públicos permitiría disminuir el gasto familiar, elevar la productividad y mejorar la calidad de vida de cientos de miles de trabajadores.
Cuarto, fortaleciendo la diversificación económica. Impulsar actividades como la logística, la economía digital, los servicios especializados, el turismo médico, el turismo deportivo y las industrias creativas permitirá generar empleos mejor remunerados, atraer nuevas inversiones y hacer más resistente la economía local frente a las fluctuaciones del turismo internacional.
Las ciudades que hoy destacan por su competitividad comparten una característica: planean con información, evalúan resultados y toman decisiones de largo plazo. México tiene la capacidad para desarrollar soluciones propias, y Cancún reúne todas las condiciones para convertirse en un referente nacional de innovación urbana, desarrollo sostenible y bienestar.
Porque el verdadero éxito de una ciudad no se mide solamente por el número de turistas que recibe. Se mide por su capacidad para transformar ese éxito en prosperidad compartida, mejores oportunidades para las familias y una ciudad que inspire orgullo a quienes la visitan, pero sobre todo a quienes tienen el privilegio de llamarla hogar.