Todavía no sé cómo hablar de ella sin que se me quiebre algo por dentro. Hoy escribo estas líneas como un pequeño homenaje a mi hermana, la maestra Lorena Elizabeth Ribbon López, que se fue el 28 de abril… y desde entonces todo se siente distinto, como si algo esencial ya no estuviera en su lugar. Hay días en los que todavía espero escuchar su voz, como si en cualquier momento fuera a llamar.
Lorena era muchas cosas, pero también era de esas personas que no pasan desapercibidas en la vida de los demás. Tenía una vocación que no se fingía. La docencia no era su trabajo, era su forma de entregarse. Enseñaba con paciencia, con amor, con una responsabilidad que pocas veces se ve. No solo daba clases, formaba personas, levantaba a quienes dudaban de sí mismos, dejaba huellas que hoy siguen vivas en muchos.
Era inteligente, clara, una gran oradora. De esas que no necesitaban imponer, porque su voz tenía peso por sí sola. Sabía decir lo correcto, en el momento justo, y siempre desde un lugar honesto.
Y así como enseñaba en un aula, también lo hacía en la vida. Desde Mujeres en Acción por México acompañó a muchas mujeres en distintos momentos: no solo en situaciones de violencia, también en sus procesos, en sus caídas, en sus intentos por salir adelante. Lorena no soltaba la mano. Nunca. Siempre encontraba la forma de ayudar, incluso cuando ella misma tenía sus propias batallas.
Siempre, al final del día, encontrábamos un momento para platicar cómo nos había ido. Compartíamos anécdotas, preocupaciones, risas… y ahí estaba ella, siempre. Escuchando, sosteniendo, apoyándome, sin dejarme caer.
Pero para mí, antes que todo eso, era mi hermana. La mejor. La que estaba en todo momento, la que entendía sin necesidad de explicar, la que con una palabra o una mirada te hacía sentir que todo iba a estar bien. Fue también una gran madre y una hija amorosa, de esas que sostienen a la familia incluso en silencio.
Hoy duele escribir esto. Duele aceptar que no va a regresar. Duele en lo cotidiano, en lo simple, en todo lo que ahora tiene su ausencia. Pero también sé que no se fue del todo. Porque sigue en lo que dejó, en lo que sembró, en quienes la amamos.
Lorena sigue estando… en todo lo que me enseñó a ser.
Vuela alto hermana.
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