Los líderes de hoy parecen incompetentes, lo que nos lleva a preguntarnos: ¿competentes para quién?
¿Por qué la población siente cada vez más que está gobernada por incompetentes?
La pregunta más pertinente es: ¿competentes para qué, para quién y con qué fines?
Afrontemos la realidad de la “incompetencia”.
Los servicios disminuyen, los costos aumentan, las instituciones y la infraestructura se debilitan, y los líderes parecen incapaces de cumplir sus objetivos.
La competencia es producto de su tiempo y lugar: el papel de un régimen político en el sistema global.
Cuando estos elementos se alinean para priorizar el mantenimiento de un partido o los privilegios de unos pocos elegidos por encima del bien común, obtenemos lo que vemos hoy: una incompetencia absoluta.
¿Qué vemos hoy?
Que los líderes parecen profundamente incompetentes para servir a sus ciudadanos, pero se mantienen en el poder, incluso promulgando políticas que contradicen la voluntad popular.
En realidad, lo que parece ser «incompetencia» es simplemente competencia por parte de otros.
Mantener las estructuras de poder en lugar de proveer bienes públicos.
Y la verdadera crisis no es de incompetencia, sino de lealtad. La pregunta es: ¿competencia para quién?
La competencia no es una cualidad inherente, sino una construcción política moldeada por los objetivos y la estructura de un sistema.
Los regímenes de competencia a menudo no se diseñan ni se implementan en torno a ideales abstractos de buen gobierno, sino para servir a intereses particulares en momentos históricos específicos.
Debemos definir la competencia como aquello que sirve a la supervivencia y el florecimiento de la humanidad: la capacidad de garantizar la seguridad, la vivienda, la educación, la salud y un planeta habitable.
Todo lo demás es una distracción orquestada por los especialistas de un imperio en decadencia, que ha perdido la competencia para sostenerse a sí mismo y que intenta arrastrarnos con él.
Lamentablemente, la competencia se está convirtiendo en un concepto que está fundamentalmente al servicio del Poder.
La competencia no puede universalizarse.
Quienes eran competentes en un momento dado no lo serían hoy.
FIN

