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julio 09, 2026

El enemigo que cruza el Atlántico y llega a Quintana Roo cada verano

Quintana Roo

¿Por qué el sargazo invade cada año las playas de Quintana Roo?

Jorge Uc / Grupo Cantón

El sargazo no se origina en las costas mexicanas. La macroalga recorre miles de kilómetros desde el Atlántico y cada año afecta las playas, el turismo, los ecosistemas marinos y la economía del Caribe mexicano.

Cancún.- Cada año ocurre la misma escena. Brigadas de trabajadores, hoteleros, voluntarios y autoridades retiran toneladas de sargazo de las playas de Quintana Roo mientras turistas observan cómo el color turquesa del mar desaparece bajo enormes montículos de algas café.

Pero pocos saben que esta planta marina no nace en las costas mexicanas.

Su recorrido comienza a miles de kilómetros de distancia y es resultado de un fenómeno oceánico que, impulsado por el cambio climático y la actividad humana, se ha convertido en uno de los mayores desafíos ambientales para el Caribe.

El sargazo que llega a Quintana Roo proviene principalmente del Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico, una gigantesca franja de macroalgas flotantes que se extiende entre las costas occidentales de África y Brasil.

Durante décadas, la mayor concentración de sargazo permanecía en el llamado Mar de los Sargazos, en el Atlántico Norte, donde cumplía una función ecológica importante al servir de refugio para peces, tortugas, cangrejos y diversas especies marinas.

Sin embargo, desde aproximadamente 2011, científicos comenzaron a detectar un nuevo comportamiento: enormes cantidades de sargazo empezaron a reproducirse en el Atlántico tropical y fueron arrastradas por las corrientes oceánicas hasta el mar Caribe.

Impulsadas por los vientos y las corrientes marinas, estas algas recorren miles de kilómetros antes de llegar a las costas de México, Belice, Jamaica, República Dominicana, Cuba y otras islas del Caribe.

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¿Por qué ahora hay tanto?

Especialistas coinciden en que no existe una sola causa.

El crecimiento masivo del sargazo está relacionado con una combinación de factores ambientales.

Uno de ellos es el aumento de la temperatura del océano, consecuencia del cambio climático.

A ello se suma el exceso de nutrientes, principalmente nitrógeno y fósforo, que llegan al mar desde grandes ríos como el Amazonas y el Congo, transportando residuos provenientes de fertilizantes agrícolas, aguas residuales y otras actividades humanas.

Estos nutrientes funcionan como un fertilizante natural que acelera el crecimiento de las macroalgas.

Cuando las condiciones de temperatura, luz solar y nutrientes son favorables, el sargazo puede multiplicarse rápidamente antes de iniciar su recorrido hacia el Caribe.

¿Por qué preocupa tanto en Quintana Roo?

Aunque el sargazo forma parte de los ecosistemas marinos cuando permanece flotando en altamar, el problema comienza cuando llega en cantidades masivas a las playas.

Al acumularse sobre la arena comienza a descomponerse.

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Durante ese proceso libera gases como sulfuro de hidrógeno y amoníaco, responsables del característico olor a huevo podrido que suele percibirse en algunas zonas costeras.

Además de afectar la experiencia de los visitantes, esta descomposición reduce el oxígeno en el agua, altera los ecosistemas marinos y puede provocar la muerte de peces, crustáceos y otros organismos.

También dificulta el desove de las tortugas marinas, ya que las crías encuentran obstáculos para llegar al océano y, en algunos casos, los nidos pueden quedar cubiertos por grandes cantidades de algas.

Un problema que seguirá presente

Investigadores consideran que el sargazo continuará llegando al Caribe durante los próximos años.

Aunque la ciencia aún estudia todos los factores que provocan su crecimiento masivo, existe consenso en que el cambio climático y la contaminación por nutrientes están favoreciendo su expansión.

Para Quintana Roo, esto significa que el reto no solo consiste en retirar toneladas de algas cada temporada, sino en desarrollar estrategias de aprovechamiento, investigación y manejo que permitan reducir sus impactos ambientales y económicos.

Mientras tanto, cada verano miles de personas —desde marinos y trabajadores hoteleros hasta voluntarios y ciudadanos— libran una batalla silenciosa para mantener limpias las playas que representan uno de los principales motores turísticos de México.

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