Por Santiago Rodas / Fotos Brandon Rodas Hernández / Grupo Cantón
Cancún- Mientras el mundo observa con preocupación las imágenes del devastador terremoto que sacudió a Venezuela, en el Aeropuerto Internacional de Cancún se vivió una escena completamente distinta. No había turistas con maletas rumbo a las playas del Caribe. En su lugar, había hombres y mujeres vestidos con uniformes de rescate, mochilas repletas de equipo especializado, cascos, cuerdas, herramientas hidráulicas y perros entrenados para encontrar vida donde únicamente parece existir destrucción.
No viajan por vacaciones. No reciben salario. No buscan reconocimiento. Para ellos es una carrera contra el tiempo: viajan con la esperanza de que alguien, debajo de una montaña de concreto, todavía pueda estar respirando. Son más de 25 especialistas quintanarroenses integrados por los grupos BREC-K9 y SAR-MX, acompañados por personal del Heroico Cuerpo de Bomberos y Protección Civil de Cancún. Todos forman parte de una misión internacional que buscará a sobrevivientes entre edificios colapsados tras uno de los terremotos más devastadores registrados recientemente en América Latina. Para ellos, el reloj ya comenzó a correr.
En búsqueda y rescate existe una regla implacable: cada hora que pasa reduce las posibilidades de encontrar personas con vida.
Una promesa nacida entre los escombros de 1985
Entre quienes encabezan la misión se encuentra Oscar Oliva Cantarutti, médico veterinario de profesión y rescatista por vocación.
Su historia comenzó hace más de cuatro décadas.
En 1985, cuando el terremoto destruyó gran parte de la Ciudad de México, apenas tenía 12 años. Como integrante del movimiento Scouts ayudó en lo que pudo entre calles cubiertas de polvo y edificios reducidos a ruinas.
Dijo: “Aquella tragedia marcó el rumbo de mi vida”.
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Años después ingresó a una brigada de rescate y comenzó una preparación que nunca terminó.
Cursos de búsqueda y rescate en estructuras colapsadas, espacios confinados, primeros auxilios, manejo de incidentes, logística internacional, entrenamiento con perros especializados y coordinación con bomberos fueron convirtiendo a un voluntario en un rescatista altamente capacitado.
Desde entonces ha participado en algunas de las peores tragedias naturales del planeta:
Indonesia, tras el tsunami de 2004.
Haití, después del terremoto de 2010.
Nepal.
Ciudad de México, en 2017.
Turquía.
Y ahora, Venezuela.
“No somos héroes”, insiste.
“Somos voluntarios preparados para ayudar”.
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Los milagros existen… y algunos tienen nombre
Las operaciones internacionales dejaron recuerdos imposibles de olvidar.
En Haití, el equipo de Cancún logró rescatar con vida a una mujer de edad avanzada llamada Enasisi.
En Turquía, después de ocho días bajo toneladas de concreto, encontraron con vida al matrimonio Genco.
Historias que para muchos fueron milagros.
Para ellos significaron meses de entrenamiento convertidos en segundos que salvaron vidas.
Oscar Aguilar, mejor conocido como “Pequeño”, dijo que evita atribuirse esos logros.
“Es trabajo de mucha gente. Nosotros solamente ponemos nuestro conocimiento y Dios decide el resto.”
Los verdaderos héroes caminan en cuatro patas
Antes de ingresar a una estructura colapsada aparece el primer equipo de búsqueda.
No son máquinas.
No son drones.
Son perros:
Phoebe.
Hershey.
Chopper.
Ellos conforman la unidad canina que viaja desde Cancún.
Entrenados durante años, son capaces de detectar el más mínimo rastro humano bajo toneladas de concreto, acero y tierra.
Cuando uno marca un punto, otro confirma.
Solo entonces comienzan las excavaciones.
Cada ladrido puede significar una vida.
Tecnología contra el silencio
No toda la búsqueda depende del olfato.
SAR-MX lleva tecnología especializada para localizar sobrevivientes.
Sensores acústicos capaces de detectar golpes. Equipos térmicos. Drones. Cámaras de inspección. Sistemas de escucha. Detectores de movimiento.
Todo forma parte del arsenal técnico que será utilizado en Venezuela.
Felipe Río Frío explica que la prioridad será localizar a personas atrapadas antes de iniciar cualquier maniobra de rescate.
En escenarios donde el concreto puede colapsar nuevamente, cada decisión debe ser calculada.
“Vamos preparados para aportar todo nuestro conocimiento.”
La ayuda también necesita disciplina
Uno de los errores más comunes durante las tragedias internacionales ocurre cuando personas llegan con buenas intenciones, pero sin preparación.
Los especialistas de Cancún explican que eso puede convertirse en un problema.
Cada brigada internacional trabaja bajo protocolos establecidos por organismos especializados y se coordina mediante el Sistema de Comando de Incidentes.
Al llegar a Venezuela no decidirán por cuenta propia dónde trabajar.
Primero deberán registrarse.
Después recibirán instrucciones.
Finalmente serán enviados a un sector específico.
Todo está diseñado para evitar el caos.
No serán una carga para un país devastado
Existe una regla fundamental entre los equipos internacionales.
Llegar sin convertirse en un problema.
Por ello, la brigada mexicana transporta agua, alimentos, medicamentos, combustible, herramientas, equipo de comunicación, logística y todo lo necesario para operar durante aproximadamente siete días.
“No vamos a consumir recursos de una población que ya perdió demasiado”, explica Oscar Oliva.
También hace una advertencia.
Los verdaderos rescatistas profesionales no solicitan dinero durante una tragedia.
Quien lo haga, dice, debe generar sospechas.
Bomberos de Cancún respaldan la misión
El director del Heroico Cuerpo de Bomberos de Cancún, Oscar Aguilar Aceves, reconoce que ambos equipos representan lo mejor de la preparación técnica en búsqueda y rescate urbano dentro del estado.
BREC-K9 aporta la experiencia de las unidades caninas.
SAR-MX contribuye con equipos tecnológicos especializados.
Juntos forman una fuerza altamente capacitada.
Aguilar conoce perfectamente ese trabajo.
Participó en el terremoto del 19 de septiembre de 2017 y posteriormente en Turquía.
En esa misión internacional recuperaron nueve cuerpos y rescataron con vida a dos personas, además de salvar a un gato atrapado bajo los escombros.
Hoy observa partir a quienes continuarán esa historia.
“Todos son voluntarios. Dejan a sus familias para ayudar a personas que ni siquiera conocen.”
El altruismo necesita preparación
Horacio Sánchez, director técnico de SAR-MX, resume la filosofía del grupo.
“La ayuda sin capacitación solamente son buenas intenciones.”
Por ello, todos los integrantes poseen certificaciones, especialidades y profesiones distintas.
Ingenieros.
Médicos.
Veterinarios.
Bomberos.
Paramédicos.
Especialistas en estructuras colapsadas.
Operadores de tecnología.
Manejadores de unidades caninas.
Cada uno cumple una función específica.
La despedida
Mientras las maletas son documentadas, también se cargan toneladas de equipo especializado.
No es un vuelo comercial.
Es un puente humanitario.
La aeronave realizará escalas para incorporar rescatistas mexicanos provenientes de distintos estados antes de dirigirse hacia Venezuela.
En tierra quedan esposas. Hijos. Padres. Madres.
Todos saben que quienes parten enfrentarán estructuras inestables, calor extremo, jornadas agotadoras y riesgos permanentes.
Pero también saben que alguien, del otro lado del continente, espera ser encontrado.
Cuando la humanidad habla el mismo idioma
Las tragedias no distinguen nacionalidades.
Tampoco lo hace la solidaridad.
Desde Cancún, una ciudad conocida por sus playas, su turismo y el azul del Caribe, hoy parte una expedición con un destino completamente distinto: el dolor de un país hermano.
No llevan armas.
No llevan banderas políticas.
No llevan intereses personales.
Llevan cascos.
Perros.
Tecnología.
Experiencia.
Y una convicción inquebrantable: mientras exista la posibilidad de encontrar una vida bajo los escombros, siempre habrá voluntarios mexicanos dispuestos a cruzar fronteras para tender la mano.
Porque cuando el mundo se derrumba, la esperanza también viaja… y esta vez salió desde Quintana Roo con rumbo a Venezuela.