Manuel Baeza/Grupo Cantón
Mientras Cancún rompe récords turísticos, miles de niñas y niños viven sin agua potable, drenaje ni servicios básicos, evidenciando una profunda desigualdad social en el destino.
Cancún.- Cancún brilla ante el mundo como uno de los destinos turísticos más exitosos de México. Hoteles de primer nivel, playas de arena blanca y una industria que no se detiene ni un solo día proyectan una imagen de abundancia.
Pero, a pocos kilómetros de la Zona Hotelera, lejos de los reflectores, miles de niñas y niños crecen en condiciones que contrastan con ese discurso de prosperidad: sin agua potable constante, sin drenaje y con servicios básicos incompletos.
La paradoja no es menor. En pleno 2026, mientras el destino rompe cifras en llegada de turistas, amplios sectores de su población enfrentan rezagos estructurales. Datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) revelan la dimensión del problema: el 24.4% de la población de 0 a 17 años en Quintana Roo presentaba, en su reporte de 2020, carencia por acceso a servicios básicos en la vivienda.
Esto equivale a alrededor de 136 mil niñas, niños y adolescentes. La entidad se ubicó como la décima con mayor porcentaje de población infantil en esta condición a nivel nacional.
Este indicador no es una estadística aislada, sino el reflejo de una desigualdad persistente. En la actualidad, se estima que cerca del 12% de la población en el estado continúa enfrentando carencias en servicios esenciales, una situación que impacta directamente a unos 65 mil menores en Cancún, quienes dependen de pozos artesanales o del suministro irregular de pipas para acceder al agua.
El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) ha subrayado que el acceso al agua potable y al saneamiento es un derecho humano fundamental, especialmente para la niñez.
Sin embargo, en Cancún este derecho sigue sin garantizarse plenamente. La falta de infraestructura básica no solo limita la calidad de vida, sino que expone a los menores a riesgos constantes de salud.
De acuerdo con Alejandro López Tamayo, director general de Centinelas del Agua, en la ciudad existen alrededor de 150 asentamientos irregulares sin servicios básicos, donde más de 200 mil habitantes viven con acceso limitado o nulo a agua potable y drenaje.
Colonias como El Pedregal y Tres Marías son ejemplo de un rezago que se ha prolongado por más de dos décadas, entre promesas incumplidas y soluciones que no llegan.
La problemática también alcanza a zonas formalmente urbanizadas. En fraccionamientos como Paseos Nikté, el suministro de agua es intermitente y, en ocasiones, se restringe a pocas horas durante la madrugada.
Gerardo Ruiz, presidente de colonos en dicho fraccionamiento, señala que la baja presión impide llenar tinacos, obligando a unas dos mil familias a invertir en sistemas de almacenamiento o a comprar agua, un gasto adicional que presiona economías ya vulnerables.
A esto se suma el déficit en drenaje sanitario. En áreas marginadas, más del 21% de las viviendas carece de conexión a la red, lo que genera focos de contaminación y aumenta la exposición a enfermedades.
Niñas y niños crecen en entornos donde las aguas residuales, la acumulación de basura y la proliferación de vectores forman parte de la vida cotidiana.
La desigualdad también se traduce en barreras para la educación. En comunidades de la zona continental de Isla Mujeres y periferias de Cancún, los menores deben recorrer entre tres y cinco kilómetros para asistir a la escuela o acceder al transporte público, cuyo servicio es limitado. En muchos casos, el costo del traslado puede representar hasta el 30% del ingreso diario familiar, obligando a tomar decisiones que afectan la permanencia escolar.
En este contexto, el trabajo infantil emerge como una consecuencia directa. Durante el último periodo vacacional de Semana Santa, al menos cuatro menores fueron detectados realizando actividades laborales en zonas turísticas, según reportes del DIF Benito Juárez. Para estos niños, el descanso es un lujo lejano, mientras la necesidad económica los empuja a integrarse tempranamente al trabajo.
Organizaciones sociales como el Movimiento Nacional Antorchista advierten que el crecimiento urbano desordenado ha generado núcleos de pobreza que limitan la movilidad social.
Tan solo en la zona norte del estado, se estima que más de 400 mil familias enfrentan condiciones de rezago. La contradicción es clara: un destino líder en captación de divisas convive con una infancia que no accede a condiciones mínimas de bienestar.
Cancún presume ser un paraíso, pero su deuda social con la niñez sigue vigente. Los datos de Coneval evidencian que la carencia de servicios básicos no es un problema marginal, sino estructural.
Más allá de los récords turísticos, el verdadero reto está en cerrar la brecha que separa el lujo de la precariedad y en garantizar que miles de niñas y niños no solo sobrevivan en la periferia, sino que crezcan con dignidad y oportunidades reales.
Únete a nuestro canal de noticias por WhatsApp:

