Hoy en la mañana salió publicada la nota, y la gente de Tepich, Tihosuco y Señor ya lo dijo sin vueltas: lo poco que quedó de las milpas lo están devorando los tejones.
Los tejones están entrando a las parcelas a comer piña, pitahaya, en los cultivos del programa Sembrando Vida, pero sobre todo en lo que más duele: en el camote, en las raíces, en lo que la familia maya siembra para comer.
Y en los apiarios también.
Don Eleuterio Poot, de Tihosuco, lo contó así, tal cual: el sábado 31 de octubre encontró un desastre en su apiario. Tercera vez que le pegan. Solo ese sábado le echaron a perder 13 colmenas triples, más de 30 mil pesos. No perdió miel, perdió la inversión de todo el año.
Y los campesinos lo remataron con la frase que más duele: ya ni cazarlos resulta, porque la bala cuesta 150 pesos.
Buscando como dimensionar la problemática elegimos darle seguimiento con esta columna de opinión.
Yo venía con la idea de decir que hay una plaga y que hay que controlarla. Pero el biólogo Omar Martínez me frenó en seco.
Me dijo: Mira Manuel “es complicado tomar una postura, porque hay muchas variables. Primero hay que repensar nuestra relación con la fauna silvestre”.
Y tiene razón. Cada vez hay menos selva. La urbanización le está comiendo el monte al tejón, le fragmentamos su casa, le secamos el agua con el cambio climático, le quitamos sus depredadores. Y luego nos sorprendemos porque baja a la milpa a buscar lo más fácil.
Es lo mismo que pasó con los jaguares en Mahahual que se comían a los perros. ¿Era sobrepoblación de jaguar? No. Era que nosotros les pusimos la comida en la puerta. Lo mismo con los osos del norte que bajan a los condominios a buscar basura. El animal no es malo, el animal tiene hambre.
Y aquí viene el dato detonador de Omar, el que cambia todo el panorama:
“No es lo mismo un aumento poblacional que una mayor concentración. No basta con ver muchos individuos para decir que hay sobrepoblación”.
¿Con respecto a qué decimos que sobran? ¿A qué superficie? ¿A qué capacidad de carga? ¿Comparado con cuándo? ¿Hace 50 años? ¿Hay más milpas hoy que hace 100 años? ¿La gente ya no vive ni vigila su milpa como antes?
A lo mejor no son más tejones. A lo mejor son los mismos, pero ahora todos están concentrados en el mismo lugar: en la milpa y en el apiario. Porque en la selva ya no encuentran qué comer y en la milpa sí. Y a lo mejor, lo más grave, ya perdieron el miedo. Ya perdieron esa conducta de evasión.
Por eso me gustó lo que está haciendo Jesús Salazar en las comunidades. Como salió en la nota, no llegó a imponer, llegó a recabar información, a invitar a los campesinos a armar un expediente y a buscar una solución entre todos.
Su propuesta es clara: hacer una solicitud de control ante la SEMARNAT, recabar evidencia y que sea la misma población la que proponga si es reubicación, caza autorizada, o incluso un proyecto gastronómico. Que la SEMARNAT acompañe, no que solo prohíba.
Esa es la ruta. No es exterminar por coraje. No es dejar que se coman la milpa. Es estudiar por qué se concentran, acompañar al campesino y repensar nuestra relación con el monte.
Porque el tejón ya no solo se come la milpa, se está comiendo el sustento de la familia maya.
Ahora como vemos el panorama que se vive en el sector campesino hay ¿Plaga de tejones o milpa abandonada?
Ahora como vemos el panorama que se vive en el sector campesino hay ¿Plaga de tejones o milpa abandonada? Yo ya tengo mi respuesta: no sobran tejones, sobra abandono. Abandono al campesino y abandono a la selva.
Chan Waye’ hasta aquí.

