El trabajo periodístico de cualquier reportero o periodista puede ser criticado o se puede no estar de acuerdo con el contenido que se publica, pero cuando se vulnera nuestra labor ya se torna en un problema grave, como lo que sucedió cuando el diputado por Morena, Luis Fernando Salazar cuando se dirigió al periodista Enrique Acevedo.
“Enrique Acevedo vamos a ir tras de ti”. Así reaccionó el legislador desde sus redes, molesto por un reportaje que no le gustó, al que calificó como no acreditado.
“Qué locura y qué vergüenza la exhibición del chayote plus al máximo, Enrique Acevedo vamos a ir tras de ti por vulgar mentiroso eres un corriente, vergüenza te debería de dar”, escribió el senador de Morena por Coahuila.
Escuché el caso en voz de Gabriela Warkentin, en Así las Cosas de W Radio, y me detuve a pensar: esto pasó en la Ciudad de México, pero ¿cuántas veces ocurre aquí, en Quintana Roo, en lo bajito, sin reflectores?
Nuestra labor reporteril no es para complacer al gobierno. Es para dar a conocer la inconformidad de la ciudadanía frente a lo que la autoridad no resuelve. Para informar la realidad, aunque incomode.
Quien decide estar en un cargo de elección popular debe entenderlo: está bajo el escrutinio público. Debe rendir cuentas. A la ciudadanía y a los medios.
El dato es alarmante: solo este año, 7 periodistas han sido asesinados en el país por hacer crítica desde medios locales, según el seguimiento puntual de la periodista Nayeli Roldán. Siete voces silenciadas.
El señalamiento contra Acevedo llegó hasta la mañanera. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo marcó distancia: dijo no estar de acuerdo con el actuar del diputado y llamó a los servidores públicos a no usar palabras que suenen a amenaza.
Horas después, el diputado borró la publicación y ofreció una disculpa pública.
“Agradezco el mensaje de solidaridad de la Presidenta. Lo valoro especialmente porque reafirma un compromiso con la libertad de prensa, en este espacio, consideré necesario cuestionar públicamente”, respondió Acevedo en X.
Bien por la rectificación. Pero queda la pregunta de fondo, la que nos toca aquí en la Zona Maya: ¿Quién protege al reportero de a pie, al periodista crítico de Felipe Carrillo Puerto, de Tulum, de José María Morelos, cuando es vulnerado, cuando lo intentan intimidar por señalar un bache, un desvío, una obra mal hecha, una promesa incumplida?
Si a nivel nacional un periodista con foro nacional necesita de la Presidencia para ser respaldado, ¿qué le queda al corresponsal comunitario, al reportero Máacewal?
Chen waye’