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A un año y 100 días

Hace más de un año (27 de febrero del año 2020), se detectó el primer caso de COVID-19 en México y queda comprobado que todos los pronósticos y proyecciones fueron erróneas o fracasaron, eso es lo que demuestran las cifras de horror que se han alcanzado hasta el momento; más de 2 millones de personas se han contagiado (En México suman 2.08 millones de casos, según https://www. marca.com/claromx/trending/coronavirus/2021/02/28/ 603baa9f268e3eff1e8b45b9. html) de los cuales 53,393 semantiene activos, mientras que en total se han registrado 185,257 defunciones por Covid-19 al 27 año de haberse detectado el caso cero (Primer caso) y hasta ayer 190, 604.

Y al hablar de fracasar en las proyecciones, me refiero a la afirmación que se hiciera referente al máximo que podría alcanzarse como un asunto catastrófico y en esas proyecciones se habló de 60 mil defunciones, lo cual parecía una exageración y como suele suceder, la realidad supera la ficción y en este caso, la proyección también fue superada.

Hablar de 190,604 lamentables defunciones, debería ir más allá de las frías cifras que día con día se comparten, ya que implica considerar también la cantidad de familias afectadas, hijos que quedan huérfanos y en muchas ocasiones, desamparados, proyectos de vida y familia interrumpidos, desastres económicos, socioemocionales y vacíos existenciales a través del dolor y la desesperación de esa esposa, madre, hija y todas las personas que lloran no solo por la pérdida de un familiar, sino por las condiciones en las cuales se dio dicha pérdida.

Aunque ahora se hable más de los 100 días que faltan para las elecciones de este año y con tal noticia se disuada el mal mayor ya que en las calles hay más promotores de partidos para las nuevas elecciones, que personas vacunando o atendiendo a los más necesitados que han sido alcanzados por los contagios que en muchos lugares del país, crecen cada día.

Que lo urgente no rebase a lo importante y que lo electoral tampoco rebase a lo humano, a la salud y a la atención de quienes hoy luchan entre la vida y la muerte; que los distractores no nos distraigan y que se focalice tanto los recursos económicos como humanos a salvar vidas más que a salvar y ganar votos. Que 100 días no parezcan más urgentes que la urgencia de atender a los afectados y dañados por el COVID-19 en el primer año de pandemia

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