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septiembre 23, 2026

Voces

La mecánica de los sueños: cuando la máquina pide dramaturgia

En la columna anterior hablábamos de un público que ya ve. La mecánica de los sueños confirma algo más. El público cancunense sabe entregarse. Niñas, niños y adultos aceptan el juego, participan y agradecen el territorio imprescindible del teatro para las infancias.

También crece la Compañía Municipal de Teatro. De sus primeras propuestas a esta se perciben mayor dominio escénico, desarrollo vocal y ampliación de registros.

La factura destaca. Luces, vestuario, escenografía y tramoya revelan el esqueleto del teatro y a quienes lo hacen funcionar. La ruptura de la cuarta pared convierte al espectador en cómplice. El teatro dentro del teatro, operación fértil desde Pirandello, permite mirar la ficción mientras asistimos a su construcción. Las infancias descubren la magia y los oficios que la producen.

Esa maquinaria hace visible el punto vulnerable de la propuesta. La dramaturgia de Mariana Hartasánchez y Saúl Enríquez abre códigos, sucesos e ideas que se disputan el centro. El conflicto aparece temprano y su progresión se dilata. Por momentos ocurren muchas cosas y la acción avanza poco. La duración comienza a sentirse.

Y sigo preguntándome: ¿por qué piratas? Comprendo lo que hacen dentro de la historia, pero todavía no encuentro por qué tenían que ser piratas. Navegación, aventura y tesoro pueden dialogar con la creación teatral; esa necesidad dramatúrgica queda sin revelarse. Salí del teatro con la pregunta intacta.
Revisitar dramaturgia y puesta permitiría concentrar el recorrido, fortalecer el conflicto y hacer respirar sus mejores hallazgos.

Entre ellos está el público. La interacción rompe su pasividad y convierte a grandes y pequeños en compañeros de juego. Cuando la sala entra en él, la función crece.

La mecánica está y tiene oficio. El siguiente salto consiste en lograr que todos sus engranajes conduzcan con igual precisión hacia el corazón del sueño.

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