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21 febrero, 2024

julian aguilar estrada

Voces

Escotoma Social

Manejaba con cautela al salir del fraccionamiento donde vivo, a una velocidad lenta para incorporarme a la calle principal, cuando de repente veo 8 hermosos caninos tirados de correas y haciendo que su paseadora, se tirara hacia atrás con todas las fuerzas posibles y poder redireccionarlos sobre la acera, pero más grande fue mi sorpresa cuando un poco más atrás vi como Don Facundo, un señor de avanzada edad, también era jalado por otros 5 caninos más, de diferentes tamaños, colores y complexiones; lo más aplaudible es que sin temor a equivocarme, eran mascotas rescatadas y atendidas con mucho cuidado y amor.
Al día siguiente, salí a la misma hora, expectante de encontrarme una vez más, a Don Facundo, a su hija y las 13 mascotas en mención; fue mucha mi suerte y si los volví a ver en circunstancias similares, solo cambió, el lugar, ya que o madrugaron más o bien me pude haber atrasado un poco, porque ya habían dado la vuelta a la manzana y venían de regreso; siempre con la civilidad de que debemos actuar en esos escenarios, sus respectivas bolsitas y recogiendo las heces de sus amadas mascotas.
Días después, volví a tener la suerte de encontrarme a Don Facundo, las 13 mascotas divididas en dos grupos, pero ahora era otra de sus hijas, también con un semblante sonriente y cuidando en todo momento los detalles de ese paseo madrugador alrededor de la manzana de vecinos.
Conforme han pasado los años he disfrutado tanto esa escena, con sus respectivas variantes, por ejemplo, hace aproximadamente un año, vi que Don Facundo caminaba más lento, arrastraba más sus pies y tenía menos mascotas a su cuidado, también me percaté que ese paseo no solo era en la madrugada, también lo hacían por la tarde y las hijas con mucho amor manifiesto a su señor padre y a las mascotas, aunque cada día se veían menos; aun en tiempos de pandemia, con sus máximos cuidados de cubre bocas, ese recorrido era insustituible.
Hace un mes aproximadamente, más o menos a la misma hora en la mañana, me sorprendí al ver a la hija mayor, tirando de sus 5 o 6 mascotas y avanzaba yo muy lento, porque sabía que Don Facundo debía venir un poco después, pero no tuve la suerte de encontrarlo; a la mañana siguiente, salí también pero con el máximo deseo de encontrarles y saludarlos, pero Don Facundo ya no era parte del grupo paseador, Don Facundo ya no estaba y tampoco sus mascotas, la hija caminaba al ritmo de los caninos pero algo hacía falta a esa escena que daba vida a mis mañanas rumbo al entrenamiento.

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