Paola Elizabeth Moreno Córdova / Grupo Cantón
Hay heridas que no dejan marcas en la piel, pero pueden acompañar a una niña durante años. Comienzan con un mensaje, una fotografía compartida sin permiso o una amenaza detrás de una pantalla. Mientras la familia cree que su hija está segura en casa, puede estar enfrentando sola miedo, vergüenza y una angustia que no sabe explicar. La violencia digital no termina cuando se apaga el teléfono.
Las cifras obligan a mirar de frente. UNICEF señala que 2.9 millones de adolescentes mexicanos de 12 a 17 años vivieron ciberacoso en 2024: el 23% de quienes usaban internet en esas edades. En Quintana Roo, el INEGI registró en 2025 ciberacoso en el 20.4% de las personas usuarias de internet de 12 años y más, frente al 17.4% del año anterior. Este dato estatal incluye adultos, pero confirma que el peligro está presente en nuestro entorno.
El sufrimiento no se queda en una cuenta de redes sociales. Puede convertirse en insomnio, desconfianza, dificultades escolares o aislamiento; puede afectar la convivencia en casa y hacer que madres y padres se pregunten qué señales no alcanzaron a ver. UNICEF también reporta, con datos de 2025, que cerca de 1.3 millones de adolescentes mexicanos de 12 a 17 años presentaron malestar psicológico y que el 3.3% manifestó ideación suicida. Son indicadores distintos, no pruebas de que el ciberacoso los causó. Pero muestran por qué proteger la salud emocional exige actuar a tiempo.
La Organización Mundial de la Salud advierte que uno de cada siete adolescentes de 10 a 19 años vive con un trastorno mental y que la falta de atención puede afectar su salud y oportunidades hasta la edad adulta. Ninguna madre debería descubrir el sufrimiento de su hijo cuando el daño ya ha avanzado demasiado. Y ningún joven debería creer que pedir ayuda significa perder el teléfono o recibir un castigo.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha colocado la seguridad digital de la niñez en la agenda nacional, impulsando medidas para un uso más responsable de dispositivos y una mayor protección en las plataformas. Ese impulso merece reconocimiento, porque las empresas tecnológicas también tienen responsabilidades.
En Quintana Roo, la gobernadora Mara Lezama respaldó la herramienta “En búsqueda de tu identidad virtual”, enfocada en prevenir la trata y la explotación sexual en línea; el gobierno estatal informó que cerca de 74 mil estudiantes la habían utilizado. Es un avance concreto sobre el cual debemos construir.
Pero prevenir requiere más que campañas esporádicas o prohibiciones absolutas. Necesitamos una Guía de Cuidado Digital gratuita, comprensible y actualizable, disponible en escuelas y comunidades. Debe enseñar a detectar perfiles falsos, ciberacoso, sextorsión e imágenes manipuladas con inteligencia artificial; explicar cómo proteger la privacidad, conservar pruebas y pedir apoyo sin vergüenza. También necesitamos acompañamiento familiar acorde con cada edad y límites al uso autónomo de plataformas de interacción pública para los menores de trece años, sin cerrarles la puerta a la educación.
La prevención debe medirse: cuántas familias reciben orientación, cuántos docentes saben responder, cuántas escuelas ofrecen apoyo psicológico y cuánto tarda una víctima en encontrar ayuda. Educar para reconocer riesgos, escuchar sin juzgar y actuar con rapidez puede cambiar una historia antes de que se convierta en tragedia.
La infancia no necesita adultos que conozcan todas las aplicaciones. Necesita adultos que sepan escuchar, instituciones que sepan proteger y leyes que se adelanten al daño. Porque cuidar no es vigilar cada pantalla: es lograr que ningún niño tenga que enfrentar su miedo en soledad.

