Este sábado a las 8 de la noche, en El Minuto que Cambió Mi Destino Sin Censura, por Imagen Televisión, van a ver una entrevista de esas que no se hacen todos los días.
Mi invitado es Eduardo Yáñez, uno de los grandes galanes de la televisión mexicana, un hombre al que durante años le han colgado etiquetas: explosivo, bronco, difícil, temperamental, peleonero.
Pues les digo algo: hay mucho más detrás de Eduardo Yáñez que los escándalos que algunos se empeñan en repetir.
En esta conversación se quita la armadura.
Lo vi sensible, vulnerable, conmovido y reaccionando de una manera muy profunda cuando hablamos de algunos de los dolores más fuertes que ha cargado durante su vida. Y eso, para mí, es lo verdaderamente interesante: cuando el personaje se acaba y aparece el ser humano.
No fue una entrevista cómoda. Fue directa, dura, fuerte, íntima y de corazón a corazón.
Eduardo ha sido protagonista de algunas de las telenovelas más importantes de México, ha trabajado con las grandes figuras, ha sido considerado durante décadas uno de los hombres más atractivos de la televisión y, sin embargo, ha tenido una vida personal con heridas que evidentemente siguen ahí.
Y cuando uno logra tocar esas fibras, se acabó el actor.
Ahí está el hombre.
Este sábado, de 8 a 9:30 de la noche, por Imagen Televisión.
Se los digo desde ahora: no se la pierdan.
CRISTIAN CASTRO, A LOS 50, TERMINÓ LA PREPA
Y pasando a otra cosa, quiero hablar de Cristian Castro, porque hizo algo que me parece muchísimo más importante que cualquier escándalo amoroso, cualquier novia o cualquier extravagancia de las que normalmente se habla sobre él.
Terminó la preparatoria.
Sí, a los 50 años.
Cristian empezó a trabajar desde muy jovencito. Primero como actor, después como cantante y finalmente como una de las voces más importantes de su generación. Llegó un momento en que dejó los estudios porque tenía una carrera encima y, como sucede con muchos artistas, la escuela pasó a segundo plano.
Pero ahora decidió regresar.
Lo hizo en línea, terminó con buen promedio y, según tengo entendido, quiere seguir estudiando Diseño Industrial.
Eso sí merece aplauso.
Porque cualquiera puede comprar un coche, una casa o darse lujos cuando tiene dinero. Lo difícil es regresar a estudiar a los 50 años, sentarse otra vez a hacer tareas, presentar exámenes y aceptar que todavía hay cosas por aprender.
Eso habla muy bien de Cristian.
Pero, como en toda familia, tampoco faltó el ingrediente incómodo.
VERÓNICA Y BETTY: JUNTAS, PERO NI TANTO
A la graduación Cristian invitó a su tía Beatriz Castro, hermana de Verónica Castro, con quien su mamá no mantiene precisamente la mejor relación.
Las dos estuvieron presentes.
Pero juntas, juntas… pues tampoco.
Cada una estuvo por su lado y después, cuando la celebración continuó en casa de Verónica Castro, la tía Betty ya no asistió.
Y ahí es donde uno se pone a pensar en Cristian.
Porque independientemente de quién tenga la razón en ese pleito familiar, el que queda en medio es él.
Era su graduación. Era su logro. Era su día.
Y seguramente hubiera querido tener a su mamá y a su tía tranquilas, celebrando juntas, sin distancias y sin pleitos viejos atravesados en la mesa.
Pero cuando los adultos no arreglan sus diferencias, muchas veces terminan poniendo a los hijos, sobrinos o familiares en posiciones bastante incómodas.
Cristian hizo lo correcto: invitó a quien quiso invitar.
No tomó partido públicamente y trató de compartir un momento importante de su vida con dos mujeres que quiere.
Ahora, si ellas no pueden ni sentarse juntas, ésa ya es otra historia.
Lo importante aquí es que Cristian Castro, a los 50 años, terminó algo que había dejado pendiente.
Y eso, aunque parezca sencillo, requiere disciplina, voluntad y también humildad.
Bien por Cristian.
Porque títulos, discos de oro y conciertos llenos ya tiene muchos.
Ahora también puede presumir algo diferente:
terminó la prepa.